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QUINTAESENCIA

QUINTAESENCIA

Rafael Ciprián

Reforma policial

El presidente Luis Abinader está impulsando con gran vehemencia una reforma policial. Y la está haciendo muy bien. Esos cambios son, además de necesarios, urgentes.

Ciertamente, la seguridad ciudadana, que más bien debería decirse seguridad humana, depende mucho del buen funcionamiento de la Policía Nacional (PN).

Nadie ignora que la PN es una institución que en lugar de generar confianza en la población, provoca miedo y, peor aún, terror.

Esto así porque cuando los dominicanos ven una patrulla policial en una esquina o en un lugar cualquiera, lo primero que piensan es que serán víctimas de una arbitrariedad. Y si reciben la orden de detenerse, sin importar que el ciudadano transite a pie o en vehículo, el corazón le da un pálpito, quizá parecido al de las vacas cuando entran en el matadero.

Los múltiples escándalos y violencias, con muertos incluidos, que involucran a miembros de la PN, crean ese sentir de las personas frente a los uniformados de gris.

Sabemos que la herencia trujillista, con todo su autoritarismo y demás lacras, está muy viva en la mayoría de los generales de la institución que debe protegernos a todos.

Afortunadamente, la mediana oficialidad de la PN tiene otra formación y muy distinta actitud. Se viene preparando con criterios democráticos. Tiene ideas muy claras sobre el respeto a las personas y a sus derechos fundamentales.

Donde quiera que esos oficiales puedan participar en cursos de capacitación, lo hacen. Y al autor de esta columna le consta. En los múltiples cursos, conferencias, seminarios y talleres gratuitos sobre ciencias jurídicas que imparte en todo el país, siempre están presentes varios oficiales de la PN. Y exhiben una gran formación intelectual y un especial interés, tanto sobre la administración pública como sobre las garantías de las personas en el Estado Social y Democrático de Derecho que nos rige, conforme al artículo 7 de la Constitución.

Ahora bien, debemos preocuparnos mucho por la base de la institución del orden. Está formada por jóvenes con una deplorable educación. Son semi analfabetos. Salen de familias disfuncionales y llenas de miserias. Se enganchan para huir de su agobiante realidad. Y llevan a la PN su desesperanza y resentimientos sociales. Todo parece que cuando se ven con un arma de fuego y el uniforme, sienten tentación de ajustar cuentas con el mundo.

Por suerte, el presidente Luis Abinader y los doctores Antoliano Peralta Romero, Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo, y Servio Tulio Castaño Guzmán, Coordinador de esa reforma, tienen plena conciencia del reto que enfrentan. Y el general Then, Director de la PN, por su historia, será un puntal esencial para los fines perseguidos.
Confiamos en que la reforma policial está en buenas manos.

Rafael Ciprián

Rafael Ciprián