Semana

UN ANÁLISIS
Del puente sobre río Kwai a Assange

<STRONG>UN ANÁLISIS<BR></STRONG>Del puente sobre río Kwai a Assange

El Puente sobre el río Kwai es un film de guerra, filmado en l957 en Ceilán, hoy Sri Lanka, pero el río Kwai está en realidad en la entonces Birmania, hoy Myanmar, dirigido por San Spiegel, producido por David Lean y protagonizado por Sir Alex Guiness (coronel Nicholson) y secundado por William, Holden (Sears), Jack Hawkins (mayor Warden) y Sesue Hayakawa (coronel Saito), comandante de la guarnición nipona.

Novela del francés Pierre Boule, ganó 7 Oscares y seis nominaciones adjuntas, y su argumento consistió en construir un puente sobre el referido río, vital para el suministro de pertrechos militares japoneses, que dominaban todo el sudeste asiático durante la II Guerra Mundial, y que el coronel Saito decidió que militares británicos prisioneros, incluyendo a su comandante, el coronel Nicholson y sus oficiales, construyeran la obra, en violación a la Convención de Viena de l929 sobre prisioneros de guerra.

Por el motivo principista del tema, la destacada actuación de los actores, efectos de fotografía, sonido y belleza escénica de la jungla ceylandesa, El puente sobre el río Kwai impresionó grandemente a los de mi generación, tanto, que no lo hemos olvidado nunca, tampoco su marcha militar, imborrable en la memoria.

Cobraba un enorme signo de interrogación que un  país como Inglaterra, que conculcó los derechos humanos de muchos países, desde que Enrique VIII conformó la llamada “flota de los mares” en l537, con  la cual dominó medio mundo, hasta que los submarinos de bolsillo del III Reich de Adolfo Hitler, hizo añicos el poderío naval de Albión en la II Guerra Mundial (l939-l945), enarbolara precisamente los principios para que militares súbditos suyos prisioneros de guerra de los japoneses, tremolaran los principios contenidos en la Convención de Viena, construyeran un  puente

En una interpretación magistral que le valió de la reina Isabel II el título de Sir, Alex Guiness resistió impávido como el coronel Saito golpeaba su chamarra con la Convención de Viena, y la tortura en una caseta metálica, engurruñado, a pleno sol, para doblegar su espíritu y su moral y conseguir que la brutalidad se impusiera a los principios.

Los principios prevalecieron en el coronel Nicholson, obligando al coronel Saito a un  arreglo entre caballeros para construir la obra, evitando así el comandante británico los padecimientos del trabajo forzado a su tropa que no eran oficiales, a que los sometía el coronel Saito.

Hoy, a 69 años que dista desde la real construcción del puente sobre el río Kwai en Birmania, en l943, la “pérfida Albión” revierte los principios sobre la amenaza brutal de la fuerza, para sacar de la embajada de Ecuador en Londres al asilado ciudadano australiano Julián Assange, que difundió un conjunto de notas diplomáticas de los Estados Unidos a través de media docena de periódicos, El País de Madrid, uno de ellos, acusado, ahora, no antes, de publicar esos documentos, por dos damiselas suecas de pudor liviano, de violarlas.

El temor socorrido y elemental es que de producirse la extradición de Assange a Suecia, un  país con ligera independencia del imperio, lo envíe hacia donde es punto menos que improbable disponga de un juicio imparcial, sino militar, como los presos en un limbo jurídico acusados de terrorismo desde hace siete años en la base naval del imperio en Guantánamo, Cuba, que el presidente Barack Obama prometió clausurar en su discurso inaugural, y que los republicanos han impedido, como el Drean Act, el seguro de salud, la ley que favorece a los inmigrantes indocumentados, y que endosarán junto al 94 % de los afro-americanos, el 70% de los latinos, los abortistas y los gay, la reelección del primer gobernante negro de los Estados Unidos.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación