Opinión Articulistas

Un buen discurso

Un buen discurso

Juan Taveras Hernández

El pasado 27 de febrero, ante la Asamblea Nacional, el presidente Luís Abinader pronunció, tal vez, su mejor discurso, lleno de entusiasmo, convencido de que el porvenir de la nación es, y será, cada día mejor

Fue un discurso esperanzador, sembrando confianza y certidumbre, no desesperanza ni caos.

Como le comenté por Whatsapp, en más de una ocasión me puso los pelos de punta por la manera en que abordó la corrupción y las obras que ha realizado durante su breve, pero fructífero mandato, que suman más de lo que todos suponíamos, incluyendo a los “amigos” de la oposición que se quejan y reclaman mayor inversión en la construcción de escuelas, viviendas, hospitales, puentes y carreteras.

Te puede interesar leer: Panorama político en intensa confrontación entre Gobierno y oposición por cifras e inversión

El mandatario reiteró, de manera enfática, que mientras sea presidente, no permitirá actos reñidos con la ética y la moral, que todo aquel que “meta la pata” y las manos, robándose el patrimonio del Estado, no importa quien sea, ni la posición que ocupe, ni la cercanía con el poder, pagará las consecuencias legales.

Cada palabra del presidente se escuchó en augusto salón de la Asamblea Nacional, como un disparo en la conciencia nacional. No fueron palabras vacías, de esas que el viento se lleva al terminar una oración.

” ¡Tengo amigos, pero no cómplices!” ¡Golpeó con fuerza! Y agregó: ¡En mi gobierno no hay, ni habrá, vacas sagradas!

Terminó la complicidad con la corrupción y la malversación de los fondos públicos, terminó el “dejar hacer, dejar pasar”, como en el pasado reciente cuando el país era gobernado por la “peste morada” que como un ciclón batatero arrasó con el Estado dejando a su paso miseria y desolación, con un Estado al borde del colapso.

Pocas veces había visto a un presidente tan empoderado, ni tan convencido de sus palabras, como las pronunciadas por el presidente Luis Abinader.

¡El mensaje fue claro y contundente!

El presidente dejó a la oposición “vuelta loca y sin idea” para negar la contundencia de su discurso. Muchos no sabían qué debían responder, guardar silencio o convocar a la dirección de sus respectivos partidos para organizar una respuesta válida.

Si alguien me preguntara qué me pareció el discurso, me quejaría sólo de la duración. Casi tres horas hablando, es mucho tiempo, no importa que tan importante fuera. Como periodista de vieja data, que ha trabajado en importantes discursos y declaraciones, no puedo abandonar el espíritu de síntesis a la hora de escribir.

El discurso pudo haber sido de poco más de dos horas, no de tres. Se puede decir lo mismo, incluso más, en pocas palabras.