Opinión Carta de los Lectores

Verdades y censuras

Verdades y censuras

En la guerra y la política una de las primeras víctimas, es la objetividad y la verdad. Los contendores tratan de ganar a como dé lugar, y se olvidan de seguir planes éticos. Solo el cedazo estricto de lo que se recibe, puede ayudar a tener informes precisos, o al menos responsables.

La política se ha ido convirtiendo en un receptáculo de destrucción moral. Todos los partidos juegan al enfrentamiento a tope de quien le adversan, sin levantar ideas propias para convencer a sus seguidores. Se está huérfano de originalidad y hasta de buenas intenciones.

Es igual en la guerra. De hecho la política es una forma superior de la estrategia y la guerra, a veces con la palabra y el pensamiento, y en otras con las balas. La derrota se convierte en falsas victorias, y los errores en triunfos ocasionales. Se torna enemigo todo el que no piense igual, o no esté en posición subordinada.
El periodismo, y su nueva acepción de la comunicación, tienen importancia capital en lo que se refiere a tener la verdad y la objetividad como normas a seguir. Solo hay una verdad, la cual usted maquilla a su gusto, y la convierte en crisol de varias caras.

Es en ocasiones vergonzante cuando se quiere justificar acciones y situaciones con el planteamiento de que estoy hablando de acuerdo a mi verdad.. En un plano de investigación no se descarta nada, todos pueden ser culpables o inocentes. Pero a sabiendas vender la calumnia como verdad, es una vileza.

En la comunicación de hoy todo es verdad y todo es mentira. A pesar de esa corriente mercurial y complaciente, la ética se tiene que imponer. Hay que aprender a enfrentar la censura, y no auto-flagelarse con la auto-censura. La etapa más vil del periodismo es cuando usted ahoga su conciencia, por miedo o por pesos.

La transformación de los medios de comunicación y los nuevos métodos de enseñanza van en caminos diferentes a los del periodismo del siglo 20. Hoy el periodista puede ser el propio dueño de su medio y no un asalariado, lo que le permite decir cosas y revelar hechos que le estaban impedidos como un empleado.

Se da un tropezón, donde el comunicador ejercita un paso atrás, para satisfacer compromisos económicos, o por carecer de fuerza moral. La libertad y la democracia descansan sobre los hombros de una prensa libre e independiente. La verdad siempre vencerá ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por: Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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