Santo Domingo.– La vitamina D, conocida como la “vitamina del sol”, cumple un papel fundamental en el mantenimiento de la salud. Su deficiencia no solo compromete la integridad del sistema óseo, sino que también se ha vinculado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, obesidad y trastornos del sistema inmunológico.
De acuerdo con la revista científica Nature, la carencia de vitamina D contribuye de forma directa o indirecta a la progresión de enfermedades crónicas no transmisibles. Mantener niveles adecuados —según los requerimientos individuales— podría ayudar a prevenir este tipo de afecciones.
“La vitamina D es un micronutriente que regula múltiples procesos en el organismo, como la absorción del calcio, la función inmunológica y la modulación de la inflamación. Por eso, su monitoreo debería formar parte de los controles médicos periódicos”, explica la doctora Yamile Sandoval Sánchez, gerente médica en Adium Centroamérica y Caribe.
Esta vitamina se sintetiza en la piel tras la exposición a la radiación UVB. Además de su papel en la salud ósea, posee propiedades antiinflamatorias, antifibróticas y vasoprotectoras, que inciden positivamente en la salud cardiovascular al modular el desarrollo de la aterosclerosis. Incluso, se ha observado que contribuye al control glicémico por su acción sobre las células del páncreas.
Otra fuente importante de vitamina D es la alimentación. Pescados grasos como salmón, atún, jurel y sardinas, así como la yema de huevo, el hígado de res, los lácteos fortificados y los suplementos, aportan este nutriente esencial. Sin embargo, no todas las personas incluyen estos alimentos de manera regular en su dieta.
La deficiencia de vitamina D puede provocar osteomalacia (huesos blandos), debilidad muscular, dolor óseo difuso y un mayor riesgo de caídas y fracturas. Además, se ha documentado su relación con hipertensión, enfermedades cardiovasculares, trastornos autoinmunes y alteraciones del estado de ánimo, como la depresión.
Recomendaciones para prevenir la deficiencia
Para evitar niveles bajos de vitamina D, los especialistas recomiendan una exposición solar diaria de entre 15 y 30 minutos, en horarios de menor radiación: antes de las 10:00 de la mañana o después de las 4:00 de la tarde.
Asimismo, aconsejan el consumo regular de alimentos ricos en este nutriente y, cuando sea necesario, la suplementación bajo supervisión médica.
Un estudio financiado por el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos (NHLBI) demostró que los suplementos de vitamina D podrían retardar el envejecimiento celular al preservar la longitud de los telómeros, un marcador clave del envejecimiento biológico.
Este hallazgo refuerza la importancia de mantener niveles adecuados de vitamina D no solo para la salud ósea e inmunológica, sino también como una posible estrategia preventiva frente al deterioro celular prematuro.
Diversas organizaciones científicas señalan que los requerimientos de vitamina D varían ampliamente según factores como la edad, la dieta, la exposición solar y las condiciones de salud. Por ello, la evaluación médica es clave para determinar la necesidad de ajustes nutricionales o de suplementación.
“Evitar la automedicación y consultar oportunamente con un profesional de la salud es crucial para identificar y corregir la deficiencia de vitamina D de forma segura y eficaz. La prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud ósea y metabólica en la población adulta”, subraya la doctora Sandoval.
Ante la alta prevalencia de deficiencia en distintos grupos poblacionales, resulta esencial impulsar estrategias de salud pública que promuevan hábitos saludables y educación nutricional.
Con 50 años de experiencia y presencia en 18 países, Adium ofrece terapias y tratamientos de vanguardia para enfrentar algunas de las enfermedades más desafiantes del mundo.

