He participado en varias reuniones donde has sido el tema central de conversación y eso ya en si es un logro, pues como decía el padre de un amigo: lo importante es que hablen de uno, para bien o para mal, porque dejamos de ser insignificantes, de pertenecer a la masa anónima.
Lo que me ha preocupado en esas reuniones es que el tema no es que hayas acumulado una fortuna insólita para tus orígenes sociales, sin herencias de papis ni mamis, o familias históricamente solventes.
Eso es un problema que tienes que aclarar y resolver, porque como ha habido tanto funcionario corrupto que aun no meten en la cárcel, o a quienes no se les ha exigido una explicación de sus bienes (pienso en los $1,800 millones de la Autoridad Portuaria y en los trabajadores de esa entidad cuyo seguro médico no se llegó a pagar, reportados como faltantes por el nuevo incumbente), se te puede confundir con una Marlin cualquiera, aquella que no solo se enriqueció en la Dirección de Pasaportes sino que en su aspiración de ascender de clase mandó a asesinar a la novia de su hijo, una adolescente pobre para colmo embarazada.
No. El tema de discusión no ha sido tu centenar de millones. El tema ha sido tu cambio de apariencia. Ahí la gente despliega tus fotos de mulata con brackets en los dientes y pelo oscuro, y tu gradual transformación en una barbie, con pelo liso y largo muy rubio y un rostro que en nada refleja a la afanosa muchacha, de un remoto municipio, que decidió ser ministra de la Juventud.
Ahí intervengo, porque la discusión me parece racista. Y sostengo que es racista porque cada quien tiene derecho a transformar su apariencia como lo desee, y si recordamos que en este país, donde aún exigen fotos en las solicitudes laborales que demuestren una “buena apariencia”, es necesario parecer blanca, y ser rubia aumenta tus posibilidades laborales (para no hablar de otras dotes), pues hay que proceder.
Ser rubia, pues, es una estrategia de sobrevivencia y nadie tiene derecho a cuestionar eso, ni a burlarse, ni a discriminarte. El problema sería que te lo creyeras, porque ya eso implicaría un rechazo a tu esencia, a lo que eres, a tus raíces, y eso querida Kinsberly, no conduce a nada bueno. Recuerda a Michael Jackson, o al pelotero que hoy se parece a Drácula.
Lo que sí importa son tus planes para un desafortunado Ministerio de la Juventud que solo ha servido para que sus dirigentes, todos de origen popular, viajen, se enriquezcan, y renieguen de sus raíces.
Cuando los presentes, te asesoraremos gratuitamente.
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

