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Acuerdos y desacuerdos

Acuerdos  y desacuerdos

Eduardo Álvarez

…de los que se quieren. Que no hay otra manera de hacerlo. Debe haber condiciones para armoniosas diferencias. Disparidades que no propenden a romper la calma.

Para lo cual los afectos deben estar bien arraigados. Unidos en relaciones inquebrantables de las que apenas resulten contradicciones beneficiosas, aquellas que se alimentan o justifican en la dialéctica.  La misma que nos hacen crecer y desarrollarnos en todos los sentidos. Para lo cual debemos estar siempre preparados.

De ahí que surja entre los que se aman el interés por temas disímiles entre sí. ¿Será para poner a prueba la base o esencia en que se funden su sentimiento? “Si ella dice que los Beatles yo digo the Rolling Stone… anda rondando el amor”.

Pero no siempre es así. Para que ello ocurra debe crearse, cuando no surgir, un sano clima propicio para que lo que llamamos alma, tome espacio. Abstracción celestial manifiesta en quienes se unen más en lo espiritual que en lo material. Es  lo que trasciende, es lo intemporal e infinito.

Por tanto, el afecto de los amigos, el cariño de  los hermanos y el amor de los amantes no están sujetos al juego de las leyes y las reglas que limitan y penalizan las diferencias, aun cuando deriven en disputas.

Una buena discusión, en tanto dialéctica, alimenta las almas. Las enriquece. Incluso alegra, llena de gracia y une a quienes participan en ella.  Revela el carácter y el temperamento que nos hace individuos  con personalidades propias e infranqueables. Definidas, por así decirlo.

Y todos nos sentimos más a gusto con quienes, conscientes de sí -esto es de sus ideas y sentimientos-, se reafirman, y a la vez respetan lo que de particular hay o procuras encontrar en cada cual. En ello, acaso,  estriba el éxito de los acordados y Amables desacuerdos. Así que haya algo de cierto en el viejo dicho de que los polos opuestos se atraen.

Por: Eduardo Álvarez ([email protected])

El Nacional