Crímenes, persecuciones, torturas, despojos, terror, violaciones, asesinatos a mansalva y todo tipo de desmanes, sucedieron el 11 de septiembre del año 1973, momento del sanguinario golpe de estado en contra del presidente chileno Salvador Allende.
Los fusiles y bayonetas suramericanos tocaban la clarinada de la llegada del neoliberalismo, nuevo orden mundial diseñado por Milton Friedman, propalado por la escuela de Economía de la Universidad de Chicago y ejecutado a sangre y fuego por Augusto Pinochet, Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
Como consecuencia de sus críticas a las recetas económicas neoliberales, el cuerpo del diplomático Orlando Letelier voló por los aires junto al de su secretaria, luego de que un agente de la tenebrosa CIA colocara una bomba en su carro en Massachusetts.
Al fin y al cabo, y como reza el viejo refrán popular que sentencia que, “Nadie sabe para quién trabaja…”, el premio mayor de todo este embrollo llamado por un Papa “capitalismo salvaje”, recayó sobre China, país que sin proponérselo, pulsea con Estados Unidos el puesto de primera potencia mundial.
Por: Elvis Valoy
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