Atrapasueños en el pintor Geo Ripley

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Cuando la calidez humana se adhiere al cuerpo terrestre y al espiritual en una labor de dejar sobre un lienzo parte de ella en cada trabajo realizado, estamos cerca, ¿fin o comienzo? de una evolución de un ser humano que ha logrado sus objetivos en lo más íntimo de su ser: es decir, transmitir sin mácula esa parte de sí mismo que solo captan quienes se adentran en ese ser.

Geo Ripley es de esos artistas de la plástica que son comprendidos a partir de un acercamiento especial como ser humano y que logra plasmar a sus obras de creación. En cada trazo deja una antropología de su ser y su búsqueda desde el hombre, desde sus vorágines de ser hombre de su tiempo sin perder sus conexiones con su pasado, que puede ser un instante como un siglo.

Un trazo de luz es cada lienzo de Geo al igual que su personalidad como el de un foco con el que se juega en la pared, o algo más profundo, una fogata, una vela encendida en la oscuridad más profunda de su ser, que logra emerger tras un chasquido de dedos y “Hágase la luz…”

¿Dónde radica el estado de inquietud que arroja el arte de Geo?, digo yo, en su personalidad lúdica, de chichigua en banda, pero bien sujetada de un hilo que, aunque no se vea, está ahí, cual hilo de Ariadna o Laberinto Terrestre. Terrestre solo porque fue creado en la tierra, representado por un árbol genealógico.
La pintura abstracta es luz cósmica condensada que quiere ser terrestre. Como Geo concibe asombrar, lográndolo, no se aparta de un danzar como es él en trato con sus semejantes.

De ahí su parentesco permanente en la búsqueda de sus orígenes, ascendiendo y descendiendo en una escalera que no tiene fin ni comienzo.

El artista Geo Ripley de por sí, como persona, es toda una aventura sin parámetros convencionales desde su juventud, en lo que se refiere a la búsqueda consciente e inconsciente del hombre en la expresión más pura que todo artista verdadero debe poseer y que Geo posee, reitero, la de la aventura espiritual arrastrada hasta el rincón más claroscuro del ser, visible o no visible.

Lo atestigua su labor por años y su práctica de vida fundida con la búsqueda de sí mismo, primero, y luego de la totalidad en el mismo orden. No debido a que sus cuadros estén regados por el mundo material, sino que cada uno de ellos tiene un pedazo de la esencia del pintor, donde a la vez deposita todas sus inquietudes espirituales en el orden de lo más puro y significativo que debe tener un artista: conciencia de su ser, sin menosprecio del devenir con la totalidad de los elementos primordiales del cosmos: Fuego, Agua, Tierra y Aire.

Toda la labor de este artista singular del ritual de cualquier manifestación artística consiente, pero en busca de lo más oculto del ser nos llama a interrogarnos sobre la esencia misma del arte como libertad y comunicación con cualquier postura del hombre como totalidad dejando al margen su raza, religión, sino como hijo del Cosmos primero, y segundo, de la Tierra.

Si hay una palabra que definiría la postura de su ser insertado en la totalidad en Geo sería en lengua indígena sudamericana: Waitheri, que quiere decir Guerrero, guerrero de la luz, del agua, de la tierra, del aire y del fuego, en la más simbólica y a la vez bola de vida que simboliza el Útero. La vida como un gran Útero, todo entremezclado en la personalidad creadora de Geo Ripley para simbolizar el porvenir.

Si algo definiría la personalidad creadora de este artista mesurado en su interior y como se da en las cosas que verdaderamente transforman sin ser percibidas, sería la palabra: Mantra. Geo trabaja el arte, todo lo que ayuda a salir a la luz como lo que permanece dentro como fuente ilimitada de la vida, con esa palabra de vida oculta en energía.

Además de todo lo que emana de él sea arte en evolución por las implicaciones con las que envuelve su ser, su entrega, su participación mesurada, pues quien lo da todo sin conciencia, no está dando nada.

Aparenta darlo todo, pero no es así, todo su arte está bien administrado por los dones del misterio de la creación cual sea el orden en que se mueva y se mueve, aunque aparente estar quieto. Un toque de tambor desde la altura visible y no visible, son sus fuentes de creación artísticas.

El autor es escritor.