Orlando Jorge Mera
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Bill Gates, en su libro “Cómo evitar un desastre climático” (Vintage Español, 2021), aborda un tema que nos debe interesar a todos los dominicanos. En las páginas 219 y 220, analiza lo que debemos reforzar nuestras defensas naturales: “Los bosques almacenan y regulan el agua. Los humedales impiden las inundaciones y proveen de agua a agricultores y ciudades. Los arrecifes de coral sirven de hogar a los peces de los que se alimentan las comunidades costeras. Pero estas y otras defensas naturales contra el cambio climático están desapareciendo a ojos vistas. Solo en 2018, se destruyeron cerca de 3,5 millones de hectáreas de bosque primario, y cuando el calentamiento alcance los dos grados centígrados -como cabe esperar que ocurra -, desaparecerán casi todos los arrecifes de coral del mundo”.
Sigue: “Hay otra solución al alcance de la mano, por así decirlo: los manglares. Los manglares son árboles de baja altura que crecen en la costa, pues están adaptados a la vida en agua salada; atenúan las marejadas ciclónicas, evitan inundaciones costeras y protegen los hábitats de los peces. En total, los manglares ayudan a evitar unos 80,000 millones de dólares en pérdidas por inundaciones en todo el mundo y ahorran miles de millones más de otras maneras. Plantarlos es mucho más barato que construir rompeolas, y además los árboles mejorar la calidad del agua. Constituyen una excelente inversión”.
En los últimos años, hemos visto el impacto del cambio climático en nuestras costas, y como el mar ha ido erosionando las mismas, como se puede ver en Las Terrenas, Samaná, y en otros lugares del país. De igual manera, hemos sido testigos del impacto de los ciclones y huracanes, y como estos, han cambiado su ruta como consecuencia del cambio climático, entre otros factores. Por tanto, una medida de prevención, efectivamente debe ser la política unificada de plantación de mangles en diferentes puntos costeros del país, con énfasis en una primera etapa en las regiones Sur y Este.
Frente al cambio climático, es trascendente señalar que,además de que los humedales son reservorios de agua dulce, absorben la contaminación actuando como esponja, filtran, frenan desastres ecológicos como inundaciones. Asimismo, algunos de ellos son herramientas claves en la lucha contra el cambio climático. Es el caso de las turberas que, son eficientes en la captura del carbono.
Todos estos motivos hacen que su preservación sea vital. Desde el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, trabajamos para una nueva visión sobre estos ecosistemas. La década del 2020-2030 es la década de la restauración de ecosistemas y los humedales que por supuesto, aseguran nuestra prioridad central: el agua.

