Reportajes

Clubs nocturnos: «La gente está desbocadísima, ha vuelto el sexo en grupo»

Clubs nocturnos: «La gente está desbocadísima, ha vuelto el sexo en grupo»

Javier, propietario del club liberal Edén y una de sus empleadas.

Fusión Vip , el club de swingers de Prosperidad más popular de Madrid, «tiene una pedazo piscina en la que no nos metimos. Me dio asco. Nunca me imaginé que en un local como una discoteca cupiese una piscina. Alrededor hay camas. Cuando pasamos nosotros, estaban libres. A la hora punta, flipas».

María García evoca la amalgama de cuerpos extendidos sobre los colchones. Es el nombre ficticio de la mujer que, acompañada de «un rollete», ha ido por primera vez este otoño a locales de intercambio, «a finales de septiembre y a principios de octubre», a la vez que se producía la eclosión del negocio tras dejar atrás los meses complicados de la pandemia.

De las dos noches, la pareja se queda con la que pasó en Encuentros (Vicente Caballero, 14). El público y las intenciones eran distintos. «No estaba nada lleno. Se respetaba la distancia. Al pasar a la zona en la que, en fin, se cuece todo, la distancia sí era menor. En las camas, directamente no había: es imposible. Pero había empleados que limpiaban constantemente. Al día siguiente nos olía el pelo y la ropa a lejía».

En su página web, Encuentros presume de ser el mejor club de Europa. «Había parejas de todas las edades. Era realmente de intercambios. Nos interesaba más probar con otras parejas que estar rodeado de solteros » como la noche del Fusión. Ambos locales pertenecen al mismo dueño.

«En Fusión había muchos tíos solos y grupos de veinteañeros. Era, sencillamente, una discoteca con zona para el sexo . Allí el Covid era lo de menos, podrías contagiarte de cualquier cosa», ironiza. «En serio, era una bacanal» que se disolvió a las 4.30 de la noche. «En cuanto hicieron lo que he ido a hacer, se marcharon».

María y su acompañante aprovecharon la desbandada para resolver sus asuntos sin la presión de los solteros, a los que en el documental Swingers (Filmin) se les define como «consoladores de carne y hueso».

«En general el comportamiento después de la pandemia es sorprendente: los clientes están desbocados», explica Rubén, propietario de Fusión Vip. Lleva 30 años en el negocio. Su familia regenta cuatro locales de intercambio, Fusión, Encuentros, Triángulo y Trama. «Con Fusión Vip, 14 años».

La vacunación, clave

A 12 de noviembre, última referencia actualizada, 5.255.846 personas tenían la pauta completa de la vacuna contra el Covid en la Comunidad de Madrid, según los datos del Ministerio de Sanidad. Es clave para entender la resurrección del intercambio de parejas. «Lo han tomado con ganas, con muchas ganas. Desde que la vacunación se generalizó, se quedan en la calle cada viernes 50 o 60 personas. En nuestro local caben 300. Estamos recuperando lo perdido en los meses más duros. No paran de beber».

Rubén puede anunciar y anuncia el retorno del sexo en grupo. «Es la gran diferencia con los meses duros. Se puede decir que vuelve a haber sexo grupal». A los pocos clientes que se atrevieron antes había que recordarles la obligatoriedad del uso de la mascarilla. «Era como en las terrazas: en cuanto se juntaban cinco o seis se las quitaban. Era incómodo interrumpir».

La pandemia obligó a hacer reformas en sus locales. «Separé las camas con pantallas. Había contacto visual pero no físico. Cambiamos el suelo. Quitamos muchas cortinas, dándole más amplitud. Pusimos nebulizadores de ozono en la puerta. Tomábamos temperatura».

La relajación de las restricciones en junio de 2020 levantó un poco el negocio. «Llenábamos muchos sábados. Tenemos un ambiente familiar. Conocemos a clientes de toda la vida. Algunos de ellos no pasaban, preferían esperar a que mejorase la situación, pero pagaban la entrada para ayudarnos», recuerda.

Edén , el club de la calle Londres, cumple 10 años. En la sala caben 74 personas. Javier, su propietario, prefiere no hablar de la pandemia y atiende a regañadientes a este suplemento. La conversación telefónica sobre los aspectos técnicos del negocio es cortante.

«Durante los últimos fines de semana hemos trabajado al 100%. Para recuperar algo de lo perdido deberíamos trabajar al 120%. Paso página, quiero volver a mi vida y a mi facturación».

Es crítico con algunas de las restricciones que han mantenido el negocio en coma. «Hay gente que piensa que deberíamos estar cerrados. Prefiero que nos olvidéis y nos dejéis vivir. Después del miedo y la falta de libertad que hemos vivido, nos prejuzgan y prefiero seguir así. Nuestro negocio está demonizado. Quieren aisladas a las personas. Opino que ese aislamiento social forzado va a acabar con muchos sectores económicos y con la salud mental. No creo que haya nada positivo. El ser humano necesita relacionarse y punto».

A su local acuden algunos aficionados a los toros. Termina el festejo, salen de Las Ventas y las tertulias tienen lugar bajo una luz discreta. «Suelen pasarse después de los toros. Tenemos público muy variado. Lo mejor es que no hubo ningún contagio. Somos muy estrictos con la limpieza. Los clientes se han comportado».

Una docena de locales

«La situación actual es de absoluta normalidad», considera David, encargado del club Triángulo (Doctor Esquerdo, 67). Utiliza la palabra contacto como eufemismo de follar. «Antes la gente contactaba sólo con su pareja. El contacto con terceras personas se redujo. Eso se ha acabado». Triángulo, según cuenta, es el local que marca el paso al resto del sector.

En Madrid hay una docena de locales de intercambio. «Somos los únicos que hemos hecho obra de reforma. Te cuento: cambiamos el sistema de ventilación, hay renovaciones completas de aire cada seis o siete minutos, e instalamos cabinas con glory hole [pequeños agujeros por los que mirar o introducir] herméticas. Tres de los meses que estuvimos cerrados aprovechamos para hacer la obra».

La inversión fue «importante». Es la bandera de Triángulo, «que se diferencia por la calidad, la constancia y la experiencia. Nuestras instalaciones son las mejores. Nos copian . La gente lo valora bastante. Se siente segura en las cabinas con agujeros a través de los que establece contacto sin riesgo de contagio. Muchas parejas vinieron durante la pandemia a exhibirse y ha funcionado bastante bien. Fue gracioso ver a los clientes contactando, desnudos y con mascarilla «.

Entre semana, a su local acuden «100 o 150 personas. Los fines de semana alcanzamos las 400. Hay muy buena actitud. Lo mejor es que no hay tensión. Existe cierto silencio a pesar de la música. Pueden pasar meses sin que haya ningún jaleo. No tenemos ni portero». Coincide con el diagnóstico de Javier: «Los medios de comunicación no nos prestan atención. Es pura dejadez. Se nos equipara con los clubs y los sitios de prostitución. La sexualidad es un regalo y cada uno la disfruta como le parece. Hay mucha hipocresía. Todavía se siguen refiriendo a nosotros como viciosos. Somos gente normal, sana emocional y sexualmente».

Cortesía: El Mundo

El Nacional

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