Como cada Domingo



Acroarte, unidad y salida

 

Sigo pensando que Acroarte es cada Acroartista, que cada uno de ellos tiene sus aportes a la institución, y pongo de ejemplo la gestión de Emelyn Balderas que considero ejemplar, restauradora en muchos aspectos del trabajo por el Premio Soberano, hecho que no se debe regatear.

Llegó a la presidencia de Acroarte por la fuerza de los votos y le dimos nuestro respaldo de lo cual en modo alguno nos arrepentimos. Fue excelente gestión, en el marco de sus condiciones.

De parte de la plancha que perdió esas elecciones creo, debió haberse integrado a los trabajos y desarrollar su labor desde ella. Excepto Fausto Polanco, – justamente Fausto Polanco – los demás integrantes no lo hicieron, una integración y una presencia que debió recibir de toda la más cálida receptividad. El resto se enquistó, lo que considero fue un error.

Durante ese enquistamiento, no se dispersaron y comenzaron a trabajar con vistas a las elecciones, lo que era su derecho también.

A las elecciones se va a perder o ganar. Y no pasa nada. La vida es un ciclo, del cual las elecciones son una parte más.

El resultado electoral (101 votos por bando) no debió ser resuelto con la validez interpretativa a un voto declarado nulo (con el voto disidente de uno de sus miembros) por el organismo electoral, presidido por Carlos Cepeda Suriel, uno de los fundadores de Acroarte con una trayectoria respetable, pero que como humano puede cometer un error. Y creo que lo cometió.

Abogo por una salida acordada, negociada, tomando en cuenta el interés supremo: el futuro de la institución, el ahorrarle procesos traumáticos por vía de la domesticación de los egos de cada lado.

Hace falta un factor de intermediación que siente a los dos sectores en Acroarte en función de esa salida. Y creo que ella debe ser, una nueva ronda de votaciones de la que emerja sin estela de dudas, la plancha ganadora.

Ello evitaría el camino de la justicia, respecto de cual, la plancha Azul tiene todas sus expectativas actualmente y que representaría un golpe muy fuerte a su institucionalidad, que generará un vacío de poder y ahondará mucho más las diferencias personales entre los exponentes principales de la situación. Y que no se adelante el recurso de la apelación que extendería la crisis que existe actualmente.

Lo que se impone ahora es: dejar la guerra de artículos y noticias tendenciadas, los insultos y epítetos de seguidores de cada parte y pensar en Acroarte y negociar la mejor salida, la que insisto, es electoral, objetivo en torno al cual debe construirse la unidad de la institución.
Y, en lo adelante, no toco más este tema.

Ha corrido ya mucha tinta y no siempre en el mejor sentido de las aguas de lógica y el respeto. Es hora de soluciones.