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De economía

Para medir enteramente el desempeño económico dominicano en el último año es preciso preguntarse porqué ya nuestra economía luce números positivos en su crecimiento del PIB.

Sencillo: aplicar los fundamentos es el tecnicismo del Banco Central, y los mejores testimonios de estos resultados los brindan los organismos internacionales que monitorean nuestro ejercicio económico.

Todos concluyen que la flexibilización del crédito a baja tasa ha sido esencial para la dinamización de las actividades productivas. Mes tras mes es medido el IMAE (Indicador Mensual de Actividad Económica) y con datos irrefutablemente verídicos hemos ido apreciando una recuperación espectacular después de caer -29.8 en abril de 2020, moderando su tasa de disminución a diciembre de -1.0, y ya en febrero del 2021 a 1.1+, verdaderamente una proeza de las autoridades y las fuerzas productivas del país.

Indudablemente, los informes, según los análisis servidos por el Banco, restituyen inequívocamente las huellas del crecimiento que ha sido el ambiente en que nos hemos ido moviendo desde 2004 bajo el recto juicio que ha regentado la temporización económica de los tres últimos lustros.

El gobernador Héctor Valdez Albizu ha liderado el trazado de metas de inflación, reservas de divisas, fijación de tasas, del empleo, el flujo del crédito, la inversión extranjera, en fin, como si fueran tareas de competencia propia de una planificación de entes público-privados del sistema.

Mensualmente se hace una suerte de visualización del comportamiento de la estructura económica del país, cuyo objetivo es no dejarse sorprender por los acontecimientos y encontrarse, en caso de inconveniente de corto y medio plazo, como espectadores, que en gente no experimentada, puede retardar por miedo, las decisiones, y que no es el caso.

Es justo reconocer que en los últimos 16 años nuestra dirección económica y financiera ha estado en sus mejores niveles de comprensión. Completamente ocupada en cumplir sus tareas y no se deja distraer por ningún móvil que pudiera situarle en la improvisación ni el descuido.

Por. Manuel Fermín

mfermindilone@gmail.com

El Nacional