Déjà vu electoral



El 25 de mayo de 2015 publiqué en El Caribe un artículo titulado: “El infantilismo estratégico del Comité Político”, donde advertía sobre las funestas consecuencias que tendría para el PLD la emboscada del 19 de junio en Juan Dolio para imponer la reelección en 2016, justificada en la alta popularidad del presidente Danilo Medina.

Argumentaba a la sazón que esto: i) obligaba a sonsacar la voluntad de 28 legisladores de la oposición y los “firmes” del PLD opuestos a la reelección; ii) se rompía el péndulo y enfrentaba a Danilo y Leonel Fernández en el mismo horizonte temporal; iii) que se congelaban unas 4 mil candidaturas electivas por los aspectos legales implicados; iv) que se eliminaba el blindaje estratégico que Leonel había proveído al Gobierno siendo el pararrayos de todos los ataques mediáticos opositores; v) que un gobierno sigiloso y opaco, de alta profusión mediática, se convertiría en blanco de la oposición que hasta entonces había tenido como objetivo a Leonel; y vi) provocaría un reacomodamiento de los sectores convergentes mediáticos que se habían enseñoreado en Palacio como veedores.

Es evidente que mis pronósticos fallaron. Que ninguno de los seis aspectos señalados tuvieron las desastrosas consecuencias que advertía. Se mantuvo la unidad del PLD, se arregló la carga en el camino y ganamos las elecciones de mayo 2016.

Como estamos en una coyuntura en la que figuras del entorno palaciego aparentemente tratan repetir la jugada anterior para imponer otro intento de repostulación, conviene analizar porque fallaron esos pronósticos en el 2016. De entrada, mi interpretación es que fue un asunto de “timing”. Que no hubo el tiempo suficiente para que las condiciones planteadas anteriormente maduraran apropiadamente. Y segundo, que fue subestimada la capacidad de truchimanería y falta de escrúpulos de los reeleccionistas para convertir el Congreso en un mercado persa. Algo recogido gallardamente para la historia en un libro del actual ministro de Energía y Minas, Antonio Isa Conde.

Otro aspecto fundamental es que el péndulo Danilo-Leonel fue reactivado con el acuerdo de los 15 puntos rubricados por todos los miembros del Comité Político y ratificado por la Asamblea de Dirigentes, donde en su artículo 1ro. se estableció el transitorio que prohíbe la reelección del actual presidente (124 de la Constitución). Esto junto a lo que se ha denominado “reelección por reelección” de los demás cargos electivos, allanó el camino para la unidad e integración militante de todo el partido en las elecciones de 2016.

Sin embargo, al perder el blindaje estratégico que le brindaba Leonel Fernández, la segunda administración del presidente Medina perdió ipso facto la luna de miel del primer cuatrienio y empezó a sentir los embates de sus aliados mediáticos coyunturales. En efecto, todos estos veedores montaron tienda aparte y lanzaron las marchas verdes resaltando los escándalos administrativos como los de OISOE, OMSA y el CEA, pero fundamentalmente Punta Catalina y Oebrecht. En este sentido, el Gobierno no ha tenido respiro desde el 16 de agosto de 2016. Totalmente lo contrario a lo acontecido en el período previo, donde se utilizó a Leonel Fernández como escudo mediático.

Por tal motivo, el nivel de aprobación del gobierno del presidente Medina que, de acuerdo a Gallup era de un 91.3% en agosto 2014, ha venido siendo impactado sistemáticamente con 81.8% en julio 2015, 62.7% en febrero 2017, 51.4% en octubre 2017 hasta un 47.3% en la más reciente entrega de septiembre 2018. Una marcada tendencia que deberá ser ratificada en la próxima entrega de marzo 2019, ya que los acontecimientos y escándalos perjudiciales al Gobierno no han cesado.

Por tal motivo, a diferencia de 2014 cuando más de tres cuartas parte (3/4) de la población se mostraba favorable al segundo mandato del presidente Medina, en la actualidad, de acuerdo a Gallup de septiembre 2018, una abrumadora mayoría absoluta de 71.4% se opone a la reelección y a la modificación de la Carta Magna. En otras palabras, que de tener un 75% a favor, la reelección ahora tiene un 71.4% en contra. Una situación cualitativa y cuantitativamente diferente a la anterior ocasión.

Sin embargo, una situación totalmente diferente ha venido acompañando al expresidente Fernández, que al ser percibido como una víctima de ciertas jugadas sucias y abanderado de la defensa al respeto constitucional, ha ido incrementando sus niveles de simpatía y popularidad, tanto a lo interno de su partido, donde no tiene contrincante, como en la población en general, tal y como lo indican las encuestas.

De hecho, en lo que ha denominado Convergencia Democrática, ya han sido “empadronados” más de un millón 700 mil dominicanos (+1.7MM) en apoyo a su candidatura. De los cuales, alrededor del 40% no son miembros del PLD. Pero no se duerme en sus laureles y mantiene una efectiva dinámica de visitas a todos los municipios del país y el “enlistamiento” de figuras de renombre en su proyecto –Abel Martínez, Roberto Rosario, Mariano Rodríguez,etc.

En este sentido, entendemos que el “Déjà vu reeleccionista” se quedará como una quimera. Como un sueño de verano. Esto así, porque nadar contra la corriente de más de un 80% a lo interno del PLD y un 71% en la población que se opone a la reelección, más que un suicidio sería un real harakiri político.

Un Waterloo asegurado. Y no creo que el presidente Medina carezca de visión y racionalidad políticas ni mucho menos tenga vocación de mártir. Luego, reciprocará el apoyo, entrega y sacrificio de Fernández en 2012. Eso espera el PLD y la mayoría de la población para que sigamos alcanzado mayores estadios de desarrollo.