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El grito de auxilio de Boca Chica

El grito de auxilio de Boca Chica

Héctor Minaya

Zoom turístico

La paciencia de los verdaderos dolientes de Boca Chica se ha agotado. En los últimos días, las llamadas y mensajes de comerciantes, residentes y empresarios de la zona no han cesado, coincidiendo todos en un clamor urgente: Boca Chica necesita una intervención inmediata y profunda por parte del Ministerio de Turismo (MITUR).

Lo que por décadas fue la playa de Santo Domingo hoy se debate entre el desorden, la inseguridad y una alarmante pérdida de competitividad. Las consecuencias económicas ya no son proyecciones, son realidades dolorosas.

El propietario de un reconocido restaurante de la zona confesó recientemente que sus ventas han caído un 25%. ¿La razón?

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 El público local y los turistas de valor están dejando de ir. Ante el caos imperante, los vacacionistas prefieren seguir de largo por la Autovía del Este hacia Guayacanes y Juan Dolio, dos destinos que sí fueron intervenidos por el MITUR, donde el comercio se organizó y donde hoy se respira un ambiente familiar, seguro y agradable.

Uno de los puntos más críticos que está destruyendo la reputación gastronómica de Boca Chica es la falta de ética en algunos negocios informales. Ir a Boca Chica a comer pescado frito era un ritual para las familias capitaleñas. Hoy, muchos confiesan tener miedo de ser estafados. Se ha vuelto una práctica común que el cliente ordene un chillo o una colirrubia, y en la cocina se lo sustituyan vilmente por tilapia (pez colorao).

Este tipo de estafas, sumado a los precios abusivos y la coacción para el pago de propinas obligatorias, está sepultando al destino.

Por ello, una eventual intervención del MITUR debe incluir, de manera obligatoria, una depuración estricta de los vendedores ambulantes y playeros. No se trata de quitarle el sustento a la gente, sino de formalizar, educar y asignar puestos solo a aquellos que estén dispuestos a trabajar con honestidad, calidad y respeto al visitante.

El hacinamiento en la arena es otro factor insostenible. El desplazamiento libre por la playa se ha vuelto una misión imposible debido a la invasión de mesas, sillas, sombrillas y tarantines improvisados que bloquean el paso y privatizan de facto el espacio público. Es urgente garantizar pasillos libres de obstáculos para que el bañista pueda caminar y disfrutar de la playa como ocurre en cualquier destino turístico organizado del mundo.

La reactivación de Boca Chica no será posible sin un blindaje de seguridad. Los robos de objetos personales y el acoso constante de buscavidas alejan al turista que busca descanso. La Policía Turística (POLITUR) debe redoblar de inmediato la vigilancia y el patrullaje a pie en toda la franja costera y sus accesos, devolviendo la confianza y la paz mental a quienes lavisitan.

Los técnicos del Ministerio de Turismo  conocen al dedillo la radiografía de la crisis de Boca Chica y están conscientes de que el presupuesto requerido para su rescate definitivo no representa una cifra astronómica ni inalcanzable.

 Al tratarse de una intervención focalizada en la reorganización del espacio, el reordenamiento del comercio y el remozamiento de infraestructuras básicas, el MITUR bien podría solicitar una partida presupuestaria especial al Poder Ejecutivo. Esta asignación económica no debe verse como un gasto, sino como una inversión de altísima prioridad institucional que el Estado recuperaría en un tiempo récord debido a la reactivación comercial de la zona.