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El modelo tres causales

El modelo tres causales

Campamento frente a Palacio Nacional

Las mujeres que propugnan por las tres causales en las que se autorice la interrupción del embarazo, han ofrecido un ejemplo de lucha ordenada y dirigida a una postura que nada tiene que ver con la autorización del aborto por parte de la madre, tal y como está ya establecido en numerosos países del mundo.


Esas mujeres, con el orden y la disciplina con que han montado, con autorización de las autoridades, un campamento frente al Palacio Nacional, en una medida que sería impensable en otros regímenes precedentes.

Feministas de dos, casi tres generaciones, han tenido el acierto de dirigir su lucha con apego a la civilidad, el orden público y la racionalidad expuesta de sus argumentos.
Estas mujeres, que habían recibido antes las promesas y garantías de que serían aprobadas las tres causales, tienen perfecto derecho a hacer valer sus posturas.


El tema de las tres causales respecto del embarazo ha sido tan y tan manejado, que sus planteamientos originales, por parte de quienes las rechazan, han distorsionado lo que se busca, que se expresa en excepciones que persiguen defender la vida, si, la de las madres, que es también vida.

Ellas no son “pro-muerte”. Persiguen garantizar la vida de las mujeres. Ellas no están propugnando por establecer el aborto libre, que es otro tema y que requeriría de un debate e intercambio distinto.


Las tres causales son un reduccionismo de cinco situaciones de excepción:


1) Cuando la vida de la mujer se encuentre en riesgo vital;
2) Cuando el embrión padezca una patología congénita adquirida o genética, incompatible con la vida extrauterina independiente;
3) Cuando sea resultado de una violación, siempre que no haya transcurrido determinado tiempo;
4) Cuando resulte de un incesto; y
5) Cuando resulte de una relación de un adulto con una mujer con discapacidad, interdicta por demencia o por minoridad.


Obligar a una mujer a cargar con un embarazo que pone en peligro su vida o cuando la viabilidad del producto o feto, está comprometida, no tiene forma de ser justificada. Con el caso de Esperancita, ya tuvimos suficiente.

José Rafael Sosa