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El son es pasión dominicana

El son es pasión dominicana

Teodora Ginés, nacida en el siglo XVI en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, fue una teñedora, oficio de tocar un instrumento de cuerdas, percusión o campana, de bandola (instrumento de dieciséis cuerdas, difundido en Venezuela por el músico llanero Anselmo López).

A Ginés, residente en Cuba y de origen dominicano, se le atribuye haber escrito la canción: Son de la Má Teodora, alrededor del año 1562.

Esta famosa interpretación fue transmitida por el cubano Laureano Fuentes Matons, en su libro, Las artes en Santiago de Cuba, publicado en 1893.

Ella y su hermana, dos negras libertas, formaron parte de la orquesta de la Catedral de Santiago de Cuba.
Fuentes Montons, argumentó, que ese son era el primer género musical de esa característica en la historia rítmica en el Caribe.

En 1971, el investigador literario Alberto Muguercia Muguercia cuestionó esa teoría argumentando que el son de la Má Teodora, era sólo una canción, y que en el año 1562 no existían los instrumentos usados en la rítmica del son cubano de ascendencia dominicana.

Muguercia Muguercia y otros literatos investigadores, como el musicólogo Danilo Orozco fijan el origen del son en la zona montañosa de la Sierra Maestra, en la provincia Oriente en el año 1880 y su popularización ocurrió a partir del 1892 cuando Nené Manfugás llevó dicho ritmo a los carnavales de Santiago de Cuba.

La historia sí cuenta que el son, un baile de pareja, nace en Dominicana y se popularizó en Cuba, fusionando elementos musicales africanos y españoles. Está salpicando de mambo en los años treinta se hace popular y se considera como el fundamento de la salsa.

La historia del son se origina a finales del siglo XIX, involucra una fusión de origen Bantú (expansión histórico-cultural ocurrido en África central y meridional a partir del siglo V a C.) de las tradiciones musicales española.

El son mezcla sonidos de instrumentos de cuerdas como el tres, la guitarra, los bongós, maracas y las claves.
A principios del siglo XX, el son era un género marginado de las clases pobres. Solamente lo escuchaban y bailaban los trabajadores y los afrocubanos. En esa época en Cuba existía mucha discriminación contra los negros y la cultura de África.

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La radio cubana inicia en los años 20 a propagar el son. En los 30, el son abre la esclusa en Cuba, recibe un sello de aprobación oficial por el presidente Gerardo Machado y Morales, al contoneo de la orquesta Sonora Matancera que le amenizó un cumpleaños. Alberto Beltrán, espectacular cantante dominicano, interpretó el son de su país.

El baile de pareja popular de esa época era el danzón, que también había sido rechazado en sus inicios. El baile del son era más atrevido que el danzón. El son era más cercano, los cuerpos se pegaban, las piernas se entrelazaban y las mujeres movían las caderas sensualmente.

En este trabajo no puedo dejar fuera a figuras del son en Haina entre los que están: Enrique Francisco Polito, director y cantante líder de Bombillo; Los Soneros de Haina, Julio Díaz, director y bajista del Grupo de Son Saoco. La tradicionalidad de estas dos agrupaciones dominicanas, siguen el legado de las hermanas Teodora y Micaela Ginés de un género musical y bailable alegre y latinismo folklórico.

El son sigue teniendo seguidores en República Dominicana, Cuba, Venezuela, Colombia, Perú, Estados Unidos y España.
La mayor influencia del son se puede sentir hoy en la salsa, con el origen en el mambo, danzón, chachachá, guaracha y el son montuno.

Reafirmo que el tresista baracoense Nené Manfugás en un testimonio fehaciente impulsó el son en Cuba. Con respecto a las creencias del origen del son el experto en la rumba cubana, David Peñaloza señala en cuanto a la rumba del solar, que están llenos de incógnitas, contradicciones, conjeturas y mitos.

El son clásico sigue siendo una base musical muy importante para muchos tipos de ritmos latinos: timba (expresión de hacer música popular bailable con sabor latino) o la salsa. Hemos focalizado en nuestros textos que el latinismo musical es parte de un color rítmico sonero.
El autor es periodista y analista social.

Por: Maguá Moquete Paredes
maguamoqueteparedes@gmail.com

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