Engordar en vacaciones
Cotuí. República Dominicana. Uno te lleva de obsequio los chicarrones más light del pueblo.
El otro, te invita a comer donde sirven el mejor mondongo de la zona y el otro o la otra, te prepara el rico sancochito o el sabroso postre criollo y así todos con amor, contribuyen a que en las vacaciones de regreso a tu pueblo vuelvas a degustar muchas delicias que hacía mucho tiempo no degustabas, pero igual, a que engordes en una semana lo que te había tomado mucho tiempo rebajar.
Yo diria que eso es engordar con amor. ¿Cómo me atrevo yo a decirle que no a las morcillas, orejitas, tripitas y cadenetas que mi hermana Maritza manda a encargar para mi con tanto cariño en las afueras de mi pueblo? ¿Cómo no alegrarme de que el domingo en la tarde mi hermano Ramón salga a buscar empanadas de yuca para hacerme recordar su vieja tradición de siempre llegar a la casa con las manos llenas de algo de comer y de amor?.
Aunque no me crean, hice mis esfuerzos. Hice ejercicios físicos casi todos los días y aunque comí de todo, presté atención a las cantidades y a seguir ciertas recomendaciones de expertos en mantener la figura. Con todo y eso, a los cinco días de estar en mi terruño uno de los pantalones no me cerraba y en vez de llorar me reí como loca.
Pienso que de haber tenido menos hermanos y seres queridos, probablemente hubiese engordado un poco menos. O quizás, la causa del engorde nada tiene que ver con cantidad. Creo que todo radica en que sean como son y que me quieran como me quieren. Siento que más que de comida me engordaron de amor.

