A todos nos ha pasado que conocemos a alguien con quien conectamos de inmediato y a los pocos días solemos llamarlo amigo.
Parece la mejor persona para establecer una amistad, nos hace reír siempre o simplemente nos escucha. Pero de repente, esa persona que veíamos con cariño y admiración, hace algo que no pensábamos que sería capaz de hacer, o actúa de forma incoherente a nuestros principios.
Es cuando popularmente decimos “se me cayó un santo del altar” y experimentamos una gran desilusión, talvez por haber evaluado una persona en poco tiempo, y crearnos expectativas equivocadas. Y es que como lo explica la psicóloga Olga Renville, en ocasiones se puede experimentar admiración por personas, que de acuerdo a la coherencia entre sus palabras y sus acciones, representan un modelo de inspiración y respeto.
“Puede ser un familiar, un colega, un profesor, amigo e incluso una figura pública, tener a alguien como referente puede inspirarnos y motivarnos a mejorar”, ejemplifica.
La terapeuta del Centro Psicológicamente dice que cuando de repente descubrimos que también esa persona tiene una parte oscura: si llegamos a idealizarla y de forma inesperada dice o hace algo que choca con nuestros principios, cae el mito y llega la desilusión, la profunda decepción que nos golpea emocional y psicológicamente.
¿Esperamos demasiado de los demás?
Renville detalla que en esos casos puede ser que esperemos demasiado de los demás, dando por hecho que hay un sentido común que coincide con el tuyo. “Si alguien a quien admiramos hace algo totalmente opuesto a lo esperado, no significa que haya cambiado, lo único que demuestra es que es humano y como tal tiene sus defectos, aunque algunos más graves que otros, y definitivamente existen acciones que nos dejan completamente desconcertados con una sensación de frustración, ira y tristeza, por los niveles de incoherencia que representan”.
Afirma que esto es peor si hemos idealizado a la persona, atribuyéndole un valor exagerado, y cuando al final surge la verdadera personalidad de cada individuo, aparece la incoherencia. Cuanto más cercanía, mayores expectativas y mayor decepción si no entendemos que las personas que más queremos pueden realizar acciones muy opuestas a lo esperado.
Sea cual sea la persona a la que admiras, ¿dónde está la línea entre tenerla como inspiración y verla ciegamente? Para Carlos Faulin-cita la profesional- lo ideal sería separar a la persona de sus características. «Lo que nos inspira son ciertas cualidades de esa persona desarrolladas en cierto contexto», dice el psicólogo, «pero la misma persona podría desarrollar otros aspectos en circunstancias distintas, que en absoluto nos inspirarían».
Renville agrega que para evitar idealizar es importante permitir a las personas de tu entorno una libertad radical, sabiendo que ellas también tienen su propio camino y su propio derecho a cometer errores. Así conseguirás disfrutar haciendo lo que tú consideras correcto en cada momento, sabiendo que los resultados no son lo más importante (a veces serán los esperados, y otras no).
UN APUNTE
Los riesgos
Hay muchas cosas en la vida que no puedes controlar. En todas las relaciones humanas existe el riesgo de sentirnos herido a veces. Solo podríamos lograr que no nos afecten demasiado los giros de rumbo de los demás, cuidando nuestra autoestima y evitando idealizar a los demás.

