Duelo
Era un pueblo de almas apacibles. Sus calles podían ser transitadas a cualquiera de las 24 horas del día. Los jóvenes, provistos de tragos y cigarrillos que marcaban el inicio de su intrepidez, permanecían hasta la madrugada en el parque donde estaba la iglesia con sus campanas que repicaban los monaguillos y el reloj que […]
