He sido un crítico del retroceso de nuestro sistema educativo. He implorado un retorno a Eugenio María de Hostos y sus tratados morales. Hostos nos dejó un legado de hombres con una concepción amplia del pensamiento humano.
Siempre he creído que nuestro sistema de enseñanza está muy mecanizado, es decir, que nuestros maestros imparten una disciplina concreta, mostrando un gran desinterés en otras áreas indispensables del saber, para que nuestros niños y jóvenes puedan entender el mundo de hoy.
¿Cómo vamos a tener una sociedad culta, sin maestros cultos, sin conocimientos esenciales del pensamiento universal y de nuestros forjadores de lenguas, desde Geoffrey Chaucer hasta Alexander Pushkin, así como, eventos ecuménicos que han marcado la humanidad, como la Guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa?
Yo estoy convencido de que el ministro de Educación, Roberto Fulcar, está consciente de la larga enfermedad que sufre nuestro sistema educativo.
Sin embargo, en estos momentos de grandes dificultades, como resultado de la pandemia del coronavirus, lo trascendente, es que el ministro Fulcar ha logrado hacer uso de una gran voluntad y ha sabido construir en base a una autoridad compartida, un escenario de confianza, para que, dentro de este tétrico panorama, reine el optimismo en los padres de nuestros estudiantes.
Sus grandes sueños de reformar el sistema educativo, tendrán que esperar y conformarse con haber salvado el año escolar, pero sin olvidar los grandes retos.
La voluntad del ministro de Educación, contrario a la Voluntad Nietzscheana de imponer grandeza, ha sido la del diálogo con la directiva de la Asociación Dominicana de Profesores y establecer una ruta crítica con sus técnicos, sin importar colores partidarios.
Para nadie es un secreto, que Roberto Fulcar es un gran activo de la política dominicana y el haber dirigido con éxito el proyecto presidencial de Luis Abinader, evidentemente que le abre un espacio, para que, en su debido tiempo, sea un potencial candidato a la presidencia de la República. El éxito o fracaso de su gestión, será su carta de presentación en su carrera política. Mientras tanto, su ecuanimidad y capacidad de diálogo, le dan ganancia del primer round.
Por: Ramón Rodríguez
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