Carta de los Lectores

Funeral vudú en RD

Funeral vudú en RD

Una escena similar a la que viví en Puerto Rico, en una funeraria en el sector de Río Piedra, la vi en Santo Domingo, en la avenida Monumental esquina Colombia.

Esa vía (Monumental) conduce al Cementerio Cristo Redentor: En el “Colmadón El Garabato”, un grupo de personas, principalmente jóvenes, desmontó del carro fúnebre un cadáver, lo sentaron al lado de una mesa y, como si tuviese vivo, compartieron varias cervezas.

El difunto había expresado su deseo de ir a ese lugar a tomarse unos tragos.

Por tanto, República Dominicana copió de Puerto Rico lo de sepultar a la gente en rumba (fiesta) interminable: velan los muertos sentados. La última moda de los puertorriqueños es sentar los muertos, con los ojos abiertos, piernas cruzadas o haciendo cualquier ademán propio de cómo lo hacía la persona en vida.

La idea es sepultar a las personas como vivió: bien vestidas (en pinta y sonriendo), acompañadas de sus amigos, con mujeres, bebidas y la música que le gustaba.

Otro relato: No conocí al muerto, me uní a la caravana por curiosidad: por la vistosidad del funeral y el sonido de la música. Era sábado al mediodía con un sol picante, propio de esta isla caribeña, que comparten dos naciones, Haití y República Dominicana.

Yo estaba en el municipio Santo Domingo Este, parado debajo del puente de la avenida 25 de Febrero, en la prolongación San Vicente de Paúl esquina calle Primera de Maquiteria (barrio “caliente”). En aquel momento, escuché la música y bulla de la multitud.

Llegaron unos jóvenes y paralizaron el tránsito para dar el paso a su caravana. Los primeros en pasar fueron alrededor de 80 motocicletas. Se parquearon en la zona a esperar el cortejo fúnebre. Después llegaron otros 20 motoristas.

Llevaban mujeres detrás con cervezas, de las que se conocen como “yumbo” o aguardiente de diferentes tipos. Unos tenían las “chaticas” de ron, que al igual que las cervezas, en un espectáculo impresionante, se la tiraban de un motor a otro.

Pasó una hilera de carros viejos y nuevos. Me pareció gracioso que las mujeres iban encima de los techos de los vehículos o de los bonetes. Siempre con sus bebidas entre las piernas o en las manos. Compartían tragos “a pico de botella” con los que iban dentro de los carros o les pasaban sin detenerse a los de las motos.
Roberto Valenzuela

El Nacional

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