El colapso de la escuela dominicana se debe a irresponsabilidad de profesores, un ministerio acorralado por la burocracia y un sistema que necesita modernizarse a la carrera.
El sistema básico de enseñanza naufraga entre tanda extendida, maestros incapacitados, el desayuno, la comida y la merienda. Muchos han olvidado que el compromiso básico de la escuela es preparar a las nuevas generaciones.
El futuro dominicano comienza ahora. Si hay mal formación e indisciplina de los estudiantes, las fallas no son de los niños y adolecentes que acuden a la aulas, sino de los que deben ser sus forjadores.
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Raya en la irresponsabilidad echar la culpa de la indisciplina en las escuelas a los estudiantes. Cierto que hay inconductas de los alumnos, pero las responsabilidades hay que buscarlas, sobre todo, en maestros irresponsables.
La hora es de ir sentando las bases para la formación del maestro con dones humanos, servicial y responsable. El maestro que tenemos hoy es una maquinaria para garantizar un cheque a fines de mes.
Ese no es el educador que necesita la sociedad dominicana del siglo 21. La mala formación de los estudiantes es una responsabilidad primaria de la ausencia de dedicación a su labor de muchos maestros.
Fallan los mismos institutos que forman a educadores, cuando una mayoría ni siquiera puede pasar los exámenes de grado. Si el maestro tiene una formación limitada, no estará capacitado para dar docencia.
Tiene que haber un mea-culpa de la Asociación Dominicana de Profesores por los desatinos en la enseñanza. Se preocupa más por los reajustes salariales y las pensiones, que por los programas educativos.
El ministerio de Educación también tiene su responsabilidad al no hacer reformulaciones de las materias, que son anticuadas y se le deben introducir mejoras.
Llenó de esperanzas el retorno de la moral y la cívica a las escuelas, pero al día de hoy la materia está en el aire, y no hay libros para impartirla. No puede ser un relleno, sino que se dé con profesores capacitados en el tema.
El maestro tiene que ser el ejemplo, con su conducta dentro y fuera del aula, es el mentor de esas generaciones que se van forjando y que al correr del tiempo serán las responsables de que se continuará manteniendo en alto la antorcha del desarrollo.
Atentamente;
Manuel Hernández Villeta

