“Lo importante no es cómo se inicia sino cómo se termina”, dice el refrán popular.
En marzo del 2019, tuve el honor de asumir la posición de delegado político ante la JCE, en representación del PRM, en el inicio de meses convulsos para el país, pues la sombra de una nueva reforma a la Constitución, para permitir un tercer período consecutivo del presidente Danilo Medina, se cernía sobre la República Dominicana, con potenciales consecuencias para el futuro de nuestra democracia.
Aún cuando el PLD tuvo que desistir de aquel burdo intento, los tambores de guerra no cesaron, mientras, el ambiente electoral fue uno de los focos de mayor confrontación y desgaste institucional. Por primera vez en el país, después de la aprobación de la Ley de Partidos y de la actualización del Régimen Electoral, se iban a celebrar primarias internas simultáneas para que se eligieran, de manera democrática, los candidatos de los partidos a las distintas posiciones de elección popular.
En dicha contienda, el PRM salió fortalecido, con Luis Abinader como nuestro candidato presidencial, y la unidad del partido garantizada.
La crisis que estalló en febrero de este año corroboró nuestros peores temores, ante la suspensión de las elecciones municipales producto del estrepitoso fracaso del voto automatizado, lo cual nos obligó a retornar al lápiz y al papel, y buscar una salida institucional, en diálogo permanente con la JCE, para las elecciones municipales y las presidenciales programadas inicialmente para mayo que luego fueron pospuestas para el 5 de julio, por el Covid-19.
Recuerdo como hoy el inicio del proceso de reuniones con la JCE para rescatar la democracia y la institucionalidad. El primer gran paso fue fijar la fecha del 15 de marzo para celebrar un proceso extraordinario, y reconstruir, paso a paso, la diluida credibilidad y legitimidad del proceso electoral. Adicionalmente, propuse una reunión clave los primeros días de marzo con la presencia de los delegados del PLD y el pleno de la JCE que fue determinante para la exitosa marcha de las elecciones del 15 de marzo. Con su creciente credibilidad, la JCE continuó su trabajo para el 5 de julio, en medio de la pandemia.
Desde el 15 de marzo hasta el 5 de julio, la JCE concluyó su trabajo con notas sobresalientes. Por supuesto, la gran tarea de ejecutar las reformas pendientes, resaltadas por la OEA en su informe de observación.
Mi reconocimiento público a la JCE, a sus integrantes, Julio César Castaños Guzmán, Carmen Imbert Brugal, Roberto Saladín, Rosario Graciano y Henry Mejía, y con ellos, a todo el personal técnico y administrativo que hicieron posible, con su compromiso y encomiable labor, atravesar uno de los períodos más traumáticos de los que se tenga recuerdo. Enhorabuena.
Orlando Jorge Mera
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