La cardiotoxicidad o falla cardíaca en el paciente oncológico, lo que debemos saber



La falla cardíaca, también conocida como insuficiencia cardíaca, se produce cuando el corazón no puede bombear suficiente sangre oxigenada a nuestros órganos y tejidos para satisfacer las necesidades corporales, ya que la sangre rica en oxígeno nos provee del combustible necesario para realizar las actividades cotidianas.

Solo en Estados Unidos se reportan casi 5 millones de adultos afectados con una creciente incidencia de nuevos casos que oscilan entre los 400 a 700 mil pacientes anualmente, pero las cifras en Latinoamérica tendrán un comportamiento similar, ya que aumentaran los casos en los próximos años, sobre todo, por el envejecimiento poblacional.

Los factores de riesgo cardiovasculares que se asocian a que aumenten las posibilidades de padecerla son las enfermedades de las arterias coronarias como el infarto al miocardio, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus, las arritmias, las enfermedades de las válvulas cardíacas, del músculo cardíaco (miocarditis), enfermedad de Chagas (picadura del insecto infectado con el parásito Trypanosoma cruzi), los defectos cardíacos congénitos o del nacimiento, y el abuso de drogas y alcohol.

El cáncer es un gran problema de salud pública en el mundo. Es la segunda causa de mortalidad en los países desarrollados y se espera que para el 2025 – 2030, sobrepase a las enfermedades cardiovasculares como la principal causa de muerte.
La quimioterapia (drogas antineoplásicas) se han convertido en pilar del tratamiento oncológico. Su uso, indiscutiblemente, ha aumentado la sobrevida de estos pacientes, muchos se curan, no obstante, los ciclos, las dosis acumuladas y su mecanismo de acción pueden generar efectos secundarios dañinos, siendo el más importante, la cardiotoxicidad, que se da cuando se empieza afectar el buen funcionamiento del corazón, que inicia con las alteraciones subclínicas del miocardio hasta progresar a los síntomas y signos francos de falla cardíaca. A continuación los enumeramos:

Cuando el paciente nos manifiesta dificultad para respirar (disnea), ya sea haciendo un esfuerzo o que no pueda permanecer acostado, cansancio fácil, venas del cuello hinchadas (ingurgitación yugular), pulso acelerado o taquicardia y edema en las piernas que puede subir hasta la cintura con aumento de peso marcado.

Existe un amplio grupo de drogas antineoplásicas desde las antraciclinas (doxorrubicina), los anticuerpos monoclonales (trastuzumab), los agentes alquilantes (ciclofosfamida) hasta los microtúbulos (taxanos), pero sin lugar a dudas, las antraciclinas juegan un papel determinante, ya que son las más cardiotóxicas, que por su mecanismo de acción, pertenecen al tipo I, porque sus efectos pueden ser irreversibles, son dosis dependientes y sus manifestaciones pueden presentarse tardíamente (se reportan casos que sobrepasan los 17 años), a diferencia del tipo II que es todo lo contrario.

Las antraciclinas son una pieza clave en el tratamiento de muchos tipos de cáncer, en especial, en el Cáncer de mama, que día a día cobra vidas de mujeres de todas la edades, que dejan en la orfandad a sus hijos, creando un desbalance familiar con los cónyuges y demás familiares, creando bajas laborales y en muchos casos, quiebra económica.
Cabe destacar que tener una buena condición funcional y estructural del corazón es indispensable para poder recibir el tratamiento oncológico.

Nos auxiliamos de estudios de imágenes que nos ayudan a hacer el diagnóstico definitivo como la radiografía de tórax donde apreciaremos un corazón aumentado de tamaño y si tiene liquido en las bases de los pulmones, el electrocardiograma donde encontraremos taquicardia o arritmias cardíacas, enzimas cardiacas como las troponinas y los péptidos natriuréticos y el ecocardiograma que será fundamental, siendo el estudio Gold standard donde podremos evidenciar el daño de forma directa y en tiempo real del corazón, encontrando aumento de los diámetros de las cavidades cardíacas, sobre todo del ventrículo izquierdo, daño de las válvulas, si valvulopatía asociada, alteración de la contractilidad global o segmentaria y por ende, disminución de la función ventricular izquierda o FEVI < 53% y por el método del strain global longitudinal SGL <19% que ha revolucionado el curso de la cardiooncología, aportando y apostando a un mejor seguimiento clínico del paciente, identificando precozmente el daño miocárdico subclínico con un paciente libre de síntomas.

Siempre debemos recordar, que el manejo debe ser en conjunto con el oncólogo clínico y el cardiólogo, ambos trazando una conducta terapéutica oportuna que compense los síntomas agudos del paciente con un seguimiento periódico en consulta que vigile la mejoría clínica, el cumplimiento de la medicación y el control de la dieta cardiosaludable, y sobre todo, encaminada a evitar las interrupciones del tratamiento oncológico y que se logre, posteriormente, reincorporar al paciente a la sociedad, asumiendo sus responsabilidades familiares, laborales, sociales y su recuperación económica.

El dato

Dra. Rosanna Aguasanta
Cardióloga Unidad de Cardiooncología,
INCART