La embajadora Leah Campos lleva a cabo una apretada agenda nacional, con reuniones con todos los sectores económicos, de opinión, comunitarios y hasta de aquellos que tienen momentos de esparcimiento.
Ese acercamiento con los dominicanos no está malo, sobre todo si se toma en cuenta que los embajadores del pasado gobierno demócrata tomaron posturas injerencistas, y lesionaron los conceptos morales y humanos de los dominicanos.
El papel de un diplomático es difícil, porque en su tarea de acercamiento puede llegar a la injerencia en asuntos internos del país. De hecho, una tarea de meterse en asuntos locales nunca es deseada.
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Campos parece que está irritada porque un dominicano participó en un conclave internacional que tuvo lugar en España. Allí estuvieron representados, en especial, Brasil y México, siendo anfitrión Pedro Sánchez, el presidente de España.
Es una potestad de los dominicanos determinar a qué conclave internacional quieren asistir, sin tener que pedir permiso a la embajadora Campos. Ella lo debe comprender. Una cosa distinta es su política de acercamiento con todos los sectores de la vida nacional.
Pero los hilos diplomáticos hay que saber moverlos. La embajadora tiene su agenda política de carácter internacional, pero la debe llevar a cabo sin pasar la fina y delgada línea de lo nacional y la injerencia.
Para los norteamericanos la cumbre celebrada en España, con la asistencia de gobiernos liberales, (que las agencias de prensa dicen que son de izquierda), fue un dolor de cabeza. Donald Trumph tiene una política bien definida y ya son innumerables los choques que ha sostenido con los gobernantes de España, México y Brasil.
Tal vez la embajadora esperaba una reciprocidad, y que ningún dominicano fuera a la reunión. Sin embargo, parecería que fue una visita privada, y no del gobierno o del partido oficial. De hecho, ese asistente no fijó posiciones en los debates.
Hay una situación política difícil para Donald Trump y América Latina. Están los casos de Venezuela y Cuba, y ya en menor presión los de México y Brasil. A nivel mundial los norteamericanos tienen en sus manos la guerra de Irán, con la crisis de una parte de la economía mundial.
Leah Campos sabe de política y diplomacia por lo que debe aceptar que la República Dominicana es un país libre y soberano, y que en política nacional tiene su propia agenda. Los Estados Unidos y ella deben ser socios del desarrollo, pero sin caer en la injerencia interna. Política de buena vecindad.
Manuel Hernández Villeta

