La gente nunca creyó Marrero Aristy muriera en accidente de tránsito



Eran las 3:00 de la tarde de un caluroso 17 de julio de 1959, cuando la emisora oficial La Voz Dominicana interrumpió su programación para dar la noticia de la muerte en un accidente de tránsito de Ramón Marrero Aristy.
Recurro a expresión popular para sacar de mis recuerdos aquella necrológica como si estuviera oyéndola hoy.

La información reconocía en el fenecido funcionario al distinguido escritor, entregado hombre público, secretario de Estado de Trabajo y presidente de la Editora La Nación, editora del diario del mismo nombre.

Yo estaba en ese momento, en la redacción del diario. Preparaba mi simplificado crucigrama de “Palabras Secantes”, para entregar a Don Jaime Lockward, el jefe de Redacción.

Hubo un silencio sepulcral seguido de expresiones de dolor de varios de los presentes.

Conforme la transmisión, el vehículo oficial del funcionario se precipitó al vacío, a la altura de la loma del Casabito, rumbo a Constanza. Al caer al precipicio, el carro se incendió, falleciendo calcinados tanto él como su chofer.

El país sentía aún las expectativas sentidas tras conocer de la invasión del 14 de junio. Esta invasión revelada en voz del propio Rafael Leonidas Trujillo Molina, pareció despertar al país de un letargo.
Después de ella, la gente se atrevía a comentar, aunque a soto voce, los sustratos de cuanto ocurría, Poco importaba se conociesen o no fueren publicados los sucesos con trascendencia política.
El accidente de Marrero Aristy no fue una excepción. En las horas siguientes a la revelación de esa muerte, surgió como pólvora encendida, lo del asesinato.

A mi casa llevó Lolita Tolentino la rebuscada versión. Les he contado de las visitas de ella a nuestra casa, un día a la semana. Otras viviendas, algunas de familias con diversas conexiones, eran refugio de Lolita.
Con los servicios prestados en ellas, completaba cuanto no le daba la menguada pensión de Maestra retirada.

Ella hizo saber entre los míos, de las circunstancias de esa muerte. Lo contó, pues sabía de la relación de la familia de mi madre con el fallecido.

Conforme lo dicho por ella, Marrero Aristy volvió poco antes de Ginebra, Suiza.
Asistió allí como jefe de la delegación dominicana, a una reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Retornaba a República Dominicana por vía de Nueva York y allí fue contactado por Tad Szulc, entonces reportero del periódico “The New York Times”.

Invitado a almorzar por el luego famoso periodista, conversaron sobre la situación dominicana.
Sin identificar al funcionario como su fuente informativa, Szulc publicó una crónica sobre la situación dominicana de ese momento.

Al regresar al país Marrero Aristy pidió audiencia a Trujillo para informarle de la reunión de la OIT. Aunque el Presidente de la República era Héctor B. Trujillo, hermano del dictador, en realidad el poder descansaba en manos del “Jefe”.

Terminada la audiencia, Trujillo preguntó a Marrero Aristy si alguna otra novedad debía serle puesta en conocimiento. El funcionario dijo a Trujillo que en lo expuesto se concretaba cuanto era propio de su viaje.
Al dramatizar una entrevista de la cual no fue testigo pero emanada de la efervescente imaginación pueblerina, Lolita contó de la despedida de ambos.

Antes de salir Marrero Aristy del despacho, Trujillo lo llamó.
-Dígame secretario, ¿cuándo ocurrió esta reunión?

Y tomó del escritorio un recorte del Times en el cual se criticaba a su régimen, a la firma de Szulc. Además, le mostró una fotografía de Szulc y Marrero Aristy sentados junto a una mesa en un restaurante, del centro de Nueva York.

Sorprendido, el funcionario no tuvo una respuesta rápida y, sobre todo, creíble. Trujillo desplegó el bastón, a la vez espada, y se lo enterró a Marrero Aristy en el pecho.

La muerte fue súbita, pues esa rica imaginación pueblerina aseguraba por entonces que Trujillo le traspasó el corazón.
Esto pudo haber pasado en la mañana del 17 de julio de 1959.

En horas de la tarde escuchamos en la redacción de “La Nación”. la noticia del accidente.