Opinión Articulistas

La manada: lecciones aprendidas

La manada: lecciones aprendidas

Chiqui Vicioso

Los colectivos se defienden. Se defienden las familias de quienes llegan y desarrollan todo tipo de procesos para que él o la recién llegado/a “se gane a la familia”.

No olvidar el código de vestuario, nada exótico, ni en términos de peinado (abundan los desrizados y tintes en todas las tonalidades de rubio) y los zapatos. Ah, y no se le ocurra admitir que alguna vez compra en una gran tienda, porque si lo hace es para “épater le bourgueois”, es decir, para escandalizar al burgués.

En los organismos estatales prima el mismo principio, sobre todo en los más prestigiosos donde tener un abuelo, padre o tío que haya pertenecido a la institución y además “tenga apellido”, es fundamental, y si no apellido el aval de algún Obispo, o Arzobispo, única manera en que una persona de la clase media baja y “sin presencia física” puede ingresar a las filas de los y las privilegiados/as.

Olvidaba añadir, que el boleto de entrada más seguro es desde luego la palabra del presidente de turno o líder político.

Así como las familias e instituciones prestigiosas del Estado (Banco Central, Cancillería, Banco de Reservas, Pro-Competencia), son los partidos políticos, solo que en el caso de los partidos los rígidos códigos de pertenencia van acompañados de intereses generalmente materiales y de muchos millones de pesos, porque hasta ahora son el modo más rápido de enriquecerse.

Si usted intenta penetrar sus conclaves, donde la membresía data del abuelo, padre, y jornadas compartidas de lucha y oposición comunes, la reacción es el desdén, o franca obstaculización.
Y si además, usted pretende trabajar y poner en evidencia con su laborantismo a quienes viven del cuento; o hacer las cosas como se debe, con honradez, entonces es peor, porque con su praxis usted va a evidenciar los manejos ilegales de la mayoría de sus congéneres, desde vender las tierras del Estado a precio de vaca muerta; entregar nuestros recursos minerales y marítimos a consorcios extranjeros; legislar a favor del narcotrafico (le estamos ganando a Escobar); complacer al neofacismo local con leyes antiinmigrantes y antisalud de la mujer, entonces usted se convierte en un franco peligro y hay que eliminarle a toda costa y costo.

Al margen de lo buenmozo y simpático que es Omar, además de leal hijo, elegir a ese niño como Senador habla mucho del nivel de reserva hacia Guillermo Moreno, un connotado y respetable jurista. De lo que se pagó por comprar cada voto en su contra hablaremos luego.