Opinión

La vida eterna

La vida eterna

Elvis Valoy‏

Nadie quiere morir. Desde tiempos inmemoriales, las personas luchan afanosamente por la prolongación eterna de la vida. Y ese deseo de los seres humanos de vivir para siempre, ha sido aprovechado por casi todas las manifestaciones culturales sobre la faz de la tierra para “asegurarle” a la gente una “vida” después de la muerte.

Todas las religiones (islamismo, judaísmo, catolicismo, protestantismo, religiones orientales, etc.) “prometen” el consuelo de la vida más allá de la parca. En la milenaria cultura japonesa, muchas familias limpian, maquillan y visten los cadáveres para que acudan a la “otra vida” con sus mejores apariencias. De igual manera, nuestros indígenas Taínos enterraban al cacique con su esposa viva a su lado.

Pero es la ciencia la que trabaja seria, profunda y metódicamente en lograr la vida eterna, haciendo la salvedad de que la búsqueda de la ese hallazgo no es para salvar a la humanidad de uno de sus miedos sempiternos, sino para llenarse los bolsillos de dinero.

Yuval Noah Harari, en su bestseller Homo Deus se refiere a este dilema humano diciendo lo siguiente: “La ciencia y la cultura modernas difieren totalmente en su opinión sobre la vida y la muerte. No piensan en la muerte como un misterio metafísico, y desde luego no consideran que sea el origen del sentido de la vida. Más bien, para las personas modernas, la muerte es un problema técnico que podemos y deberíamos resolver”.

La destacada científica española María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ve con optimismo las investigaciones para encontrar una enzima que detenga el deterioro de los telómeros, estructuras que protegen la genética, y que evitaría el cáncer, enfermedad ligada al envejecimiento.

La ciencia camina a pasos agigantados y firmes en la solución de la muerte.

El Nacional

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