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Luperón: Santana es un modelo de los grandes hombres del siglo XIX

Luperón: Santana es un modelo de los grandes hombres del siglo XIX

Trasladar los restos del general Pedro Santana del Panteón Nacional a otro lugar de menor dignidad, más que fortalecer la identidad patriótica nacional constituiría una injusta apostasía a la fe democrática de la nación.

Mal podría prestarse el Congreso Nacional para aprobar, sin cometer un sacrilegio, un proyecto de ley que ordena sacar las cenizas de Santana de ese pabellón de la Patria.

La colosal obra en defensa de la República Dominicana de Santana lo hace merecedor de ocupar ese sitial, que es mejor escenario para reverenciar los héroes nacionales.
Independientemente de su visión conservadora, Santana es una héroe nacional con méritos suficientes para su reconocimiento.

Vamos a dejar que sea la espada de la Restauración, Gregorio Luperón, quien exponga algunas consideraciones sobre Pedro Santana, escritas en sus “Notas autobiográficas y apuntes históricos”.

Luperón no se considera partidario ni mucho menos enemigo de “un muerto que fue gran soldado de la patria”.

Con horror a calumniarlo, Luperón traza lisa llanamente algunas líneas sin tener el mérito de una biografía como él manifiesta.

A juicio de Luperón “como hombre moral y honrado, ninguno ha podido serlo más que el general Santana en su país”.

Como soldado -añade Luperón-, tuvo desde el primer día de su carrera, maravillosa penetración, gran perspicacia, admirable entereza, gallardo valor y extraordinaria energía.

Considera que “era un táctico de notable superioridad, con espíritu verdaderamente organizador, amante de la disciplina, con peculiar pericia, gran serenidad y actividad infatigable”.

Y agrega: “Era austero, probo, sincero y apasionado por el orden hasta ser inexorable. Constituía una especie de modelo de los grandes hombres del siglo pasado, sin poder entrar en derecho entre los modernos”.

En la página 242 de la obra publicada por la Sociedad Dominicana de Bibliófilos, inc, y en la cual están estas consideraciones, Luperón prosigue: “Para el gral. Santana, la libertad del siglo XIX era el rayo que calcinaba su frente y fatigaba su espíritu”.

La democracia lo asustaba, -dice Luperón-, como el desierto al peregrino, y el liberalismo era su horror. Sostuvo que Santana jamás pudo levantar su espíritu sobre las tinieblas de su tiempo ni seguir los adelantos de la civilización. “Para él la verdadera política consistía en la autocracia y el despotismo fue su cetro.

En aquella puso todo su pensamiento, y por su régimen daba su vida con verdadera devoción”.

Hace referencia a que gobernó cuatro veces constitucionalmente la nación, “la salvó de las invasiones haitianas con gran dignidad, pujanza y valor”.

Y entre sus obras de gobierno citó la fundación del Ejército y la Marina, la probidad en la Hacienda Pública, la equidad en la justicia, el respeto a las leyes y a las propiedades. Señaló que Santana infundió verdadera moralidad y honradez a las masas y “fue el mandatario de más prestigio y popularidad que se ha conocido”.
Lo califica de severo en los castigos y estricto en la observancia de las leyes, “ninguno pudo influir en sus acciones”.

Luperón resalta que Santana nunca tuvo fe en la existencia de la República ni en la seguridad de la independencia de la patria.

“Cuando la Separación, declaró al Padre Gutiérrez que él, Santana, no comprendía nada de eso que llamaban República: que él creía que el país, al separarse de Haití, debía incorporarse a España, que lo demás era una locura”.

La dominación española para su país -señala Luperón- era siempre su delirio, hasta que la realizó.

Santana no cometió ninguna traición a la patria, porque por sus ideas conservadoras nunca propugnó por la independencia simple y al no tener fidelidad a ese propósito no se puede decir que violó la lealtad a ese principio, el cual nunca creyó por sus razones que enarbolaba.

Luperón señala que Santana auspició la anexión por inclinación sin ningún interés particular ni mercurial.

Hay que ver en las condiciones en que se produjo dicho evento, en 1861, cuando apenas iban 17 años de vida republicana. Había debilidad demográfica y la inexistencia de un poder político capaz de imponerse a los caudillos regionales.

Esa situación causó la inestabilidad política desde su precaria independencia de Haití en 1844. Además, los continuos levantamientos y a las presiones reunificadoras que hacía Haití.

De manera que es muy ligero utilizar el calificativo de traidor.

UN APUNTE

Proyecto de traslado

Un proyecto de ley que dispone la exhumación de los restos de Pedro Santana del Panteón Nacional se encuentra en el Senado. La pieza, de la autoría de los senadores Franklin Rodríguez y Dionis Sánchez, ordena el traslado de los restos del caudillo hacia la base militar Batalla de las Carreras.

Héctor Minaya