Editorial Opinión

Más pólvora

Más pólvora

Razones humanitarias son más que suficientes para comprometer a la comunidad internacional, sobre todo a potencias como Estados Unidos y Francia, con una solución al drama de Haití.

Se trata de la nación más pobre del hemisferio, la cual, además del hambre, es azotada por la violencia, insalubridad, la inseguridad, ingobernabilidad y toda suerte de necesidades que limitan las condiciones de existencia de sus habitantes.

El asesinato de dos periodistas que cubrían el enfrentamiento entre pandillas en el barrio Cite Soleil, Puerto Príncipe, describe la atmósfera en Haití.

Pero la preocupación de República Dominicana con el drama del vecino país no se limita únicamente a lo humanitario, aspecto en el que ha contribuido como el que más a mitigar las penurias de los haitianos. La solidaridad no solo ha sido coyuntural, en ocasión de las desgracias causadas por fenómenos atmosféricos, sino permanente, en todas las circunstancias.

Haití no es el único problema para este país, que ya tiene bastante con los efectos de la crisis internacional, pero es uno de los principales.

Además de los cientos de miles de haitianos legales e ilegales que residen aquí, se han destinado cuantiosos recursos económicos en un muro para “blindar” la frontera, en asistencia médica y en las repatriaciones de indocumentados. Si fuera todo, los dominicanos podrían estar en paz, pero no es todo.

En una nación que se ha convertido en un barril de pólvora la tensión ha vuelto a dispararse con el incremento en los precios de los combustibles anunciado por el primer ministro Ariel Henry.

Lee también: Sin excusas

La decisión pone obligatoriamente este país a la expectativa porque no se saben las consecuencias que puedan generar un alza que agravará, independientemente de las razones, las de por sí precarias condiciones de vida de los haitianos. Sí se sabe que muchos buscarán la manera de establecerse en este lado y vivos de allá y de aquí tratarán de arreglárselas para negocios espurios con los carburantes.

Con la inseguridad impuesta por las pandillas, la ingobernabilidad y la crisis de subsistencia la cooperación internacional con Haití se torna cada vez más urgente, no solo en el campo humanitario, sino también institucional y político.

No puede esperarse un estallido social que cause miles de muertos para asistir a una nación a la que hace tiempo se le agotaron los medios para resolver sus problemas.

Al anunciar el alza de los combustibles (que ya se paga hasta a 16 dólares por galón), el primer ministro Henry insistió, con razón, en que los problemas del país no pasan por barricadas en llamas, desórdenes ni atentados.

El problema está en que en una nación sin interlocutores el diálogo es inviable y la gente no encuentra otra manera de expresar su malestar que no sea a través de las protestas y disturbios.

El Nacional

El Nacional

La Voz de Todos