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Memoria del cooperativismo y cooperativas

Memoria del cooperativismo y cooperativas

Justo ahora que el Senado de la República acaba de aprobar la ley que oficializa el 25 de octubre como Día Nacional del Cooperativismo, conviene profundizar en las razones históricas, sociales y éticas que sustentan esta decisión.

Las reflexiones resultan oportunas ante la nueva legislación aprobada por el Senado de la República, a partir de una iniciativa presentada por el senador por la provincia Peravia, Julio Fulcar.

 Esta ley reconoce el importante rol que desempeña el movimiento cooperativo en el desarrollo económico y social del país, así como su aporte sostenido a la inclusión financiera, la generación de empleos y el fortalecimiento de la economía solidaria en las comunidades.

El senador Julito Fulcar, proponente de la iniciativa, destacó que el cooperativismo representa un modelo económico y social basado en la solidaridad, la participación democrática y el bienestar colectivo, valores que, por su trascendencia y vigencia, merecen ser promovidos, protegido y celebrado a nivel nacional.

El 25 de octubre no es una fecha protocolar ni una efeméride decorativa incluida en el calendario oficial por simple formalidad.

Es la conmemoración de un acto fundacional que marcó el nacimiento legal y moral de un movimiento que, con el paso de las décadas, ha demostrado su capacidad de transformar vidas, familias y comunidades enteras.

El 25 de octubre de 1946 fue promulgada la primera Ley de Cooperativas de República Dominicana, un hito histórico que otorgó reconocimiento jurídico a una forma distinta de concebir la economía: una economía basada en la ayuda mutua, la responsabilidad compartida y la democracia participativa.

Desde entonces, el cooperativismo dominicano ha evolucionado como una respuesta concreta y eficaz a las necesidades de inclusión financiera, organización productiva y cohesión social de amplios sectores de la población.

Las cooperativas no nacieron para competir con el mercado tradicional, sino para humanizarlo. Su razón de ser ha sido siempre colocar a la persona en el centro de la actividad económica, por encima del lucro desmedido, promoviendo la equidad, la solidaridad y el desarrollo sostenible.

En un país marcado por profundas desigualdades históricas, el cooperativismo ha ofrecido oportunidades reales allí donde antes solo existían la exclusión y la precariedad.