Hoy es quincena, para muchos el día laboral más emocionante. El sol brilla mucho más, y desde temprano se siente un ambiente diferente: nada de presión, todo es sonrisas y planes. Asimismo, se siente el alivio de saber que se pagarán los servicios, se comprará comida, y resolverán los compromisos pendientes (aunque, seamos honestos, lo deberemos igual el próximo mes). Pero también, ¡y que suenen las fanfarrias! es un día de: ¡darse un gustico!
Para algunos, ese premio es sencillo, pero significativo. “A veces me compro un helado o una malteada que me gusta mucho”, comenta Jennifer González, contable. Otros prefieren algo más duradero, “aprovecho y me compro una blusa, un pantalón o unas zapatillas” afirma entre risas, María Gutiérrez, maestra de primaria.
Y es que, después de días de trabajo, metas laborales cumplidas, y muchas responsabilidades, ese gusto es un recordatorio del que el esfuerzo vale la pena.
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Sin embargo, muchas personas suelen sentir culpa al gastar en un “gusto”, pues se encuentran entre el dilema de querer disfrutar y la necesidad de ahorrar. Lo cierto es que, en un contexto donde el dinero muchas veces apenas alcanza, saber hasta dónde darse ese gusto se vuelve clave. Por lo que el reto está en el equilibrio, lo cual es posible.

¿Cómo lo logras el equilibrio en la quincena?
Que estés concentrado en ahorrar no quiere decir, que tienes que dejar de disfrutar en las quincenas, simplemente debes recortar gastos de manera inteligente para poder tener lo mejor de los dos mundos, un “clavito” (ahorros) y la diversión o gusto que te mereces.
Por ejemplo, si notas que estás gastando mucho en salidas, no tienes que eliminarlas por completo, solo reduce la frecuencia con que lo haces: en lugar de salir todas las semanas, puedes hacerlo una o dos veces al mes. También puedes dividir tu sueldo en porcentajes: 50% compromisos, 30% ahorros y 20% gustos. Así sabes a dónde se va tu dinero y tienes un límite claro de lo que puedes y no gastar.
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En estos días de quincena siempre deseamos reunirnos con amigos para compartir. Ir por un café en vez de una cena completa, es una buena opción, pues lo importante es la compañía, reír, conversar y coleccionar recuerdos ¿verdad?
Ahorrar de forma automática también ayuda: guardar una parte del dinero apenas se recibe, aunque sea poco, evita gastarlo sin darse cuenta. Posteriormente verás la diferencia, pues como dicen por ahí “grano a grano la gallina se llena el buche”.
Del mismo modo, no gastes solo porque acabas de cobrar. Es decir, evita los gastos impulsivos, piensa lo que quieres realmente.
Recuerda que darte un gusto no está mal, y no te hace irresponsable con el dinero. No tienes que gastarlo todo, ni guardarlo todo. La clave está en saber disfrutar con medidas y saber adminístrate.

