“Un día iba de viaje familiar a Colombia y sentía cómo mis piernas, en el aire, se empezaban a inflamar y tenía dolor… jamás me había pasado eso”.
Así comienza el relato de Marli Romero, una joven que, sin saberlo, estaba experimentando los primeros signos de una enfermedad que aún hoy sigue siendo confundida con obesidad: el lipedema.
A pesar de haber pasado por una cirugía bariátrica y llevar una dieta estrictamente baja en calorías, Marli sentía que su cuerpo no respondía. “Me sentía estancada con mi peso”, cuenta a ¡Qué Pasa! Pero lo más desconcertante no era solo el número en la balanza, sino los cambios físicos: la ropa dejó de servirle, especialmente en brazos y muslos, mientras comenzaban a aparecer moretones sin causa aparente y un dolor constante que no lograba explicar.
Siendo doctora, tenía una idea inicial de lo que podría estar ocurriendo. “Me incliné más por fibromialgia”, recuerda. Sin embargo, algo no terminaba de encajar.
Tras evaluaciones físicas y análisis médicos, llegó el diagnóstico que cambiaría su perspectiva: lipedema.
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“Me hizo entender que no era culpable del peso que había aumentado, que mi enfermedad tenía un nombre y que sabíamos cómo abordarla”, afirma. Para Marli, más allá del tratamiento, lo más importante fue liberarse de la culpa.
A partir de este diagnóstico, se abre una pregunta clave: ¿en qué consiste el lipedema?
Michelle Vásquez Peña, médica especialista en medicina regenerativa, metabolismo, hormonas y lipedema, explica que esta es mucho más que acumulación de grasa, es una enfermedad crónica y progresiva del tejido adiposo.
“Se caracteriza por una acumulación desproporcionada y simétrica de grasa, principalmente en las extremidades inferiores (piernas) y, en ocasiones, en los brazos, respetando siempre las manos y los pies” explicó.

A diferencia de la obesidad común, la grasa del lipedema es resistente a las dietas restrictivas y al ejercicio físico intenso, lo que genera una gran frustración en quienes lo padecen, especialmente si se considera que esta condición afecta casi exclusivamente a mujeres. Se estima que entre el 10% y el 18% de la población femenina a nivel mundial la presenta, aunque la gran mayoría no cuenta con un diagnóstico formal.
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¿Cómo se puede diferenciar de la obesidad? En este caso, distinguir entre ambas condiciones es fundamental, ya que, aunque pueden parecer similares a simple vista, su origen y comportamiento en el cuerpo son completamente distintos.
La doctora resalta que, es vital entender que el lipedema no es el resultado de un exceso de calorías, sino de una disfunción del tejido.
En este sentido, la especialista Vásquez Peña enumeró las principales diferencias entre la obesidad y el lipedema:
| Aspecto | Lipedema | Obesidad común |
|---|---|---|
| Distribución | Desproporcionada (tronco delgado, piernas gruesas) | Generalizada en todo el cuerpo |
| Pies y manos | Siempre respetados (signo del “anillo” en el tobillo) | Suelen acumular grasa o edema |
| Dolor | Presente al tacto o presión (alta sensibilidad) | Generalmente indolora |
| Respuesta a la dieta | Mínima o nula en las zonas afectadas | Reducción de volumen generalizada |
El reto del diagnóstico tardío
El lipedema suele tardar años en diagnosticarse porque, históricamente, se ha confundido con obesidad o linfedema. La doctora Vásquez, asegura que, “muchos profesionales de la salud aún desconocen la patología, lo que lleva a recomendar tratamientos erróneos que no funcionan, aumentando el estigma y el malestar de la paciente”.
Según datos suministrados por la galeno, aproximadamente el 64% de las pacientes son diagnosticadas inicialmente (y de forma errónea) con obesidad común, lo que retrasa el tratamiento adecuado por años.
“Estudios recientes indican que solo el 46% de los especialistas vasculares y menos del 30% de los médicos generales son capaces de identificar los signos clínicos del lipedema con precisión”
El cuerpo habla, pero no siempre lo escuchamos. En el caso del lipedema, existen señales claras se confunden con problemas comunes o se ignoran, retrasando así su diagnóstico y por ende, el inicio del tratamiento. Por lo que se le debe prestar atención si se tiene: sensación de pesadez continua en las piernas, dolor espontáneo o ante el más mínimo contacto, tendencia a hematomas (moratones) sin causa aparente, textura irregular en la piel (nódulos similares a la «celulitis» pero más profundos), y desproporción clara entre la talla de la parte superior e inferior del cuerpo.
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En cuanto al impacto de la enfermedad en la salud emocional, la Dra. Vásquez Peña, afirma que el lipedema no solo duele en la piel, duele en el alma. «Las pacientes suelen cargar con años de culpa, baja autoestima y trastornos de la imagen corporal. Sentirse «atrapada» en un cuerpo que no responde al esfuerzo físico genera un agotamiento emocional profundo que requiere acompañamiento empático y validación médica».
¿Existe una cura?
Actualmente, el lipedema se considera una condición crónica. No existe una cura definitiva que elimine la predisposición genética, pero sí existen tratamientos altamente efectivos para controlar los síntomas, detener la progresión y recuperar la calidad de vida, como el abordaje integral conservador y no conservador, destaca la doctora.
Reveló que el estándar de oro es el abordaje integral, que incluye: terapia descongestiva completa: drenaje linfático manual; nutrición antiinflamatoria: clave para reducir el dolor y la inflamación del tejido. Asimismo, suplementación Ortomolecular: para optimizar el metabolismo del tejido adiposo; tecnología médica: uso de aparatologías competentes para esta condición, modulación hormonal y metabólica :equilibrando el eje hormonal y metabólico; y la cirugía (Liposucción técnica WAL/TUL): en casos avanzados, para eliminar el tejido enfermo respetando los vasos linfáticos.
Recomendaciones
Para quienes sospechan tenerlo, la especialista recomienda:
No culparse: No es falta de voluntad, es una condición médica real.
Buscar especialistas: Acude a médicos que entiendan la medicina funcional e integrativa.
Inflamación bajo control: Inicia una alimentación basada en alimentos reales y evita los ultraprocesados.
Movimiento consciente: El ejercicio en agua es ideal para aliviar la presión.

