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Quintaesencia

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Rafael Ciprián

El general Eduardo Alberto Then, recién favorecido por el decreto del presidente Luis Abinader como Director General de la Policía Nacional, es un oficial que, contrario al coronel de Gabriel García Márquez, sí tiene quien le escriba.

 Por tanto, el general Then no tiene que entretenerse con un gallo que no puede alimentar, ni tiene que ir a la oficina postal, solo para frustrarse porque no hay carta para él; ni se comerá la comida del gallo.

 Tampoco el general Then tiene que soportar los comentarios de su mujer respecto a su constante espera de una carta oficial que nunca llega, ni sobre qué van a comer.

 Y esto así porque al general Then le llegan muchas comunicaciones. Por ejemplo, y solamente para recordar la que le dolió entrañablemente, fue la del decreto del entonces presidente Leonel Fernández, que lo puso en retiro de las fuerzas del orden, en condiciones de pensionado.

 Contrario al general del inmortal Gabo, a Then le llegó la noticia oficial de pensión que nunca recibió el coronel que no tenía quien le escribiera hasta que el autor de Cien Años de Soledad lo hizo.

 Al autor de esta columna le consta lo mucho que le dolió al general Then que lo pusieran en retiro, porque fue uno de los jueces en el Tribunal Superior Administrativo que conoció y decidió la acción constitucional de amparo que interpuso.

 La acción de amparo del general Then perseguía su restitución a las filas de la Policía Nacional. Alegó, en síntesis, que se le habían violado sus derechos fundamentales a la dignidad humana y al trabajo, entre otros. Ejerció su derecho de pedir justicia, ante la acción del poder que le perjudicaba.

 El el decreto que lo puso en retiro se fundamentó en que era por antigüedad en el servicio, pero el general Then no calificaba, conforme a la ley, por su edad de entonces y por su tiempo de servicio, para esa calificación.

  Después de instruir el caso y comprobar que las alegadas violaciones a sus derechos fundamentales se habían cometido, con lo que se infringió la Constitución, no tuvimos que dar muchas vueltas para acogerle la acción de amparo.

 Ordenamos su reintegro a la institución policial, con todas sus consecuencias legales. Tales como el rango que poseía, el pago de los sueldos acumulados desde su arbitrario retiro hasta la ejecución de la sentencia. Y un astreinte de mil pesos diarios para que la Policía Nacional no dilatara el acatamiento de la sentencia.

 Esa decisión fue recurrida en revisión ante el Tribunal Constitucional (TC). Este la confirmó y el general Then volvió a recibir cartas.

 Ahora fue destinatario de otro decreto, que lo lleva al máximo cargo de la Policía Nacional. Qué bueno que en el TSA cumplimos con nuestro deber como juez, de garantizar los derechos del general Then, y de todos.

Rafael Ciprián

Rafael Ciprián