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La entrega anterior de esta columna generó muchos comentarios críticos. Las ideas expresadas que más inquietaron a los lectores fueron: El nuevo período histórico que se inicia con la llegada de don Luis Abinader a la presidencia, su condición de líder político-empresarial y la posibilidad de grandes avances institucionales con este gobierno. Son ideas complejas que requieren grandes reflexiones sociológicas. Veamos una síntesis.
Desde la fundación de la República, gracias a las ideas liberales del patricio Juan Pablo Duarte, nuestra comunidad ha aspirado a constituirse en una sociedad capitalista. Esto requiere una organización en las fuerzas productivas, esto es, medios de producción, régimen productivo y relaciones sociales de producción, que no hemos tenido realmente.
En los períodos de nuestras primera (1844-1861) y segunda (1865-1916) repúblicas la producción se caracterizó por ser agrícola y eminentemente manufacturera (hatera y oligárquica). Sin tener una auténtica producción industrial-capitalista no es posible la formación de la burguesía. Esta clase social se apropia de los medios de producción y los ponen a generar mercancías, que circularán en el mercado, y que a su vez generan un plusvalor, en relación a lo que les paga a los obreros que las producen.
Por tanto, esa burguesía se apropia del poder político. Ejerce el control social, cultural e ideológico de la sociedad. Si tiene conciencia de clase, actuará como una fuerza en sí y para sí. Entonces, se irgue como clase gobernante. O sea, dirige la sociedad, imponiendo su institucionalidad, que es el orden jurídico. Y lo hace para beneficiarse, guardando las formas para que las grandes mayorías nacionales no lo descubran con facilidad. Ella da el ejemplo del respeto al sistema, para que todos la imiten. Así su orden se mantiene. Gana más poder y riqueza y permite que los miembros de la sociedad mejoren sus condiciones existenciales, para que no se rebelen.
Así vemos cómo en Estados Unidos de América y Europa, ejemplos de sociedades capitalistas, se respeta el orden, hasta el grado de que el sistema de consecuencias se aplica, sin importar el cargo público o la figura social que tenga el infractor.
En nuestro país no hemos tenido todavía esa burguesía ni su representación en el poder. Primero tuvimos a los hateros, conSantana, y luego una pequeña burguesía inconsciente, autoritaria, corrupta, clientelista y patrimonialista, desde Báez, Heureuax (Lilís),Vásquez,Trujillo, y paro para no crear escozor. Dominaron pero no gobernaron.Y como el presidente Abinader es un burgués y lo sigue lo mejor de nuestra burguesía, podemos dar el salto histórico hacia la clase gobernante que esperamos, para avanzar como sociedad.
Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com

