Siempre que no se quede en un enunciado, el Gobierno se anota un valioso punto con las prioridades estratégicas presentadas a la población como norte de su ejercicio en este 2026. Más importantes aún porque las metas son encabezadas por desafíos tan sentidos como el de la educación, la salud y el empleo.
Pero también se incluyen retos no menos importantes como seguridad, agua, energía, agricultura e institucionalidad, todos con el objetivo de alcanzar un impacto social tangible, mejorar la calidad de vida de la población y fortalecer la eficiencia del Estado.
Un buen Gobierno se define no solo por las obras que ejecuta, sino por la transparencia y el intercambio de sus decisiones con la población. Las decisiones fueron adoptadas durante un consejo presidido por el presidente Luis Abinader y la vicepresidenta Raquel Peña convocado con la finalidad de articular y alinear los proyectos estratégicos de mayor impacto social.
Por lo que sí tendrá que velar el mandatario es porque las iniciativas se ejecuten conforme a un orden de prioridades y dependiendo de los recursos de que se dispongan. De ninguna manera puede esperarse que se resolverán todos los problemas económicos y sociales, muchos de los cuales datan desde tiempos inmemoriales. Pero sí que se afrontarán los más urgentes.
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Mientras tanto es de mucha trascendencia que se defina el rumbo o una carta de ruta para invertir los recursos en la presente y cualquier otra circunstancia.

