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Sátira afectiva

Sátira afectiva

Alberto Taveras

(Licenciatura en chapeo)

En la República Dominicana, donde el ingenio popular convierte cualquier realidad en chiste, ha surgido, al menos en el imaginario colectivo, una curiosa sátira afectiva: una especie de carrera universitaria, la licenciatura en chapeo.

No existe en los pensum oficiales, pero sí en la conversación cotidiana, en las redes sociales y, para muchos, en la vida real.

El llamado “chapeo” no es más que una práctica social donde una persona, generalmente mujer, aunque no exclusivamente, utiliza su atractivo, simpatía o habilidades emocionales para obtener beneficios materiales de otra, sin un vínculo afectivo genuino.

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En el lenguaje popular: “resolver sin enamorarse”. Como toda conducta repetida, ha desarrollado sus propios códigos, técnicas y hasta una especie de “ética flexible”.

Si lo llevamos al terreno del humor, podríamos estructurar un pensum: materias como psicología del pariguayo, finanzas del regalo, comunicación persuasiva por WhatsApp y, en niveles avanzados, hipergamia aplicada. No faltaría la pasantía en centros comerciales, restaurantes y resorts, donde se pone en práctica el arte de sugerir sin pedir y de recibir sin comprometerse.

Pero detrás de la risa hay una realidad más compleja.

Este fenómeno refleja transformaciones sociales: cambios en las relaciones de pareja, nuevas dinámicas económicas, la influencia de las redes sociales y una cultura de inmediatez, donde el esfuerzo a largo plazo pierde terreno frente a la gratificación rápida.

También revela una contraparte: el “pariguayo”, ese hombre trabajador pero ingenuo que confunde atención con afecto y generosidad con reciprocidad. En muchos casos, no se trata de malicia de un lado y pureza del otro, sino de expectativas mal alineadas.

El riesgo, como en toda relación desequilibrada, es el desgaste. Quien da esperando amor puede terminar frustrado; quien recibe sin intención de construir, puede quedarse atrapado en una dinámica vacía.

La verdadera lección no está en perfeccionar el “chapeo” ni en demonizarlo, sino en entender lo que revela: una sociedad donde el valor personal a veces se mide en lo que se obtiene y no en lo que se construye.

Al final, más allá del relajo, conviene recordar que las relaciones más sólidas y también las más valiosas en el plano emocional, son aquellas donde hay reciprocidad, respeto y autenticidad.

Todo lo demás, como diría el dominicano, “es pan para hoy y hambre para mañana”.