Opinión Editorial

Un abuso recurrente

Un abuso recurrente

El paro de docencia convocado por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) en planteles de al menos cinco provincias constituye otro golpe demoledor contra la maltrecha escuela pública dominicana sometida a un fuego cruzado de indiferencia, indolencia e irresponsabilidad del gremio magisterial y de las autoridades educativas.

Como si fuera la única fórmula posible para reclamar reivindicaciones gremiales o mayor atención a males que confrontan edificaciones escolares, la ADP vuelve a cerrarle las puertas del saber en las narices de los estudiantes, quienes como ha sido ley y costumbre, pagan por los platos que otros rompen.

Desde siempre el sistema educativo nacional adolece de falencias estructurales, como déficit de aulas, butacas, pizarras, textos y uniformes o dificultades en el programa de desayuno, merienda y almuerzo escolar, pero ninguno de esos problemas se resuelve con la paralización de docencia.

Los avances o logros que ha obtenido el sistema educativo, como transporte escolar y horario extendido, no han sido fruto de las tantas huelgas y paros convocadas por la ADP, sino por el diálogo entre los actores de la comunidad educativa y, en cierta medida, por presiones mediáticas y de la sociedad civil.

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No se conoce la convocatoria de ningún cierre escolar para obligar al personal docente a cumplir cabalmente con el calendario docente o para que actualice sus currículos académicos y se someta a evaluaciones de eficiencia en desempeño.

Por orden de la ADP centenares de escuelas fueron cerradas en distritos escolares de Santiago, Espaillat, Duarte, Hermanas Mirabal y San Juan de la Maguana, abuso o violación de derechos que seguramente se repetirá una y otra vez a nivel nacional, con lo cual ese sindicato magisterial aumenta la brecha académica entre alumnos de colegios privados y públicos.

Tan indolente ha sido ese sindicato que ordena suspensión de docencia hasta para celebrar asambleas profesorales, que debería convocar para fines de semana o fuera del horario escolar, como si no fuera obligación de sus afiliados impartir docencia de lunes a viernes.

Las autoridades de educación no deberían guarecerse en la inconducta que se le atribuye a la Asociación de Profesores para encubrir crasa irresponsabilidad o negligencia en el abordaje de una dilatada crisis educativa, aunque se reitera que no existe ningún motivo válido para negarles a los estudiantes el derecho a la educación.

El Nacional

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