Editorial

Un país dividido

Un país dividido

República Dominicana se ha convertido literalmente en una torre de Babel donde los unos no hablan ni entienden el lenguaje de los otros; una sociedad en la cual el carcinoma de la división ha hecho metástasis en el tuétano de todas las instituciones políticas, sociales, jurídicas, académicas y religiosas.

La divergencia se manifiesta en el seno del Gobierno, con funcionarios que desmienten anuncios u opiniones vertidas por otros, como han sido los casos sobre el laberinto de la reforma fiscal, Presupuesto nacional o posibles ventas de activos del Estado, sobre lo cual unos dicen una cosa y los otros, lo opuesto.

El Gobierno no ha podido congeniar con su propio partido, en cuyo seno se forman bolsones de disgusto de quienes exigen participar de las mieles del Poder, sin que desde el litoral oficial se advierta que no hay camas para tanta gente.

La oposición política también hala la cuerda en dirección contraria, sin que su dividido liderazgo llegue a entender la enseñanza del sabio Salomón sobre dividir por la mitad al vástago o el manual de guerra que aconseja no combatir a dos adversarios al mismo tiempo.

El Congreso también se contagia con el virus de la división, como lo demuestra el proyecto de ley aprobado ayer en primera lectura en el Senado que propone desmonte total de exenciones y exoneraciones y reducción salarial, en lo que se interpreta como un resabio ante críticas por uso irracional de fondos públicos.

Legisladores han aireado profundas diferencias en torno al proyecto de reforma del Código Penal, al punto que miembros de la comisión bicameral que estudió el proyecto adelantaron que presentarán un informe disidente, después del escándalo por la propuesta de reducir la pena a solo un año al hombre que viole sexualmente a su pareja.

El documento sobre una propuesta de reforma fiscal filtrado a los medios de comunicación fue motivo de contradicciones entre gremios empresariales que abogaron para que fuera discutido en el seno del Consejo Económico y Social y otros que prefieren abordarlo directamente con el Gobierno.

La ciudadanía también ha sido testigo de divergencias públicas entre líderes religiosos, así como al interior de sindicatos y asociaciones, como fue el caso del gremio de profesores, a cuyas elecciones acudieron divididas varias facciones, con la extraña fórmula de sumar los votos al candidato que obtuviera mayor cantidad de sufragios, algo así como un acuerdo del desacuerdo. El país está dividido.

El Nacional

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