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Víctima turba e indiferencia

Víctima turba e indiferencia

En Santiago de los Caballeros, _Deivy Carlos Abreu Quezada_ no solo fue víctima de una turba violenta de motoristas. Fue víctima, también, de algo más silencioso y peligroso: la indiferencia del dominicano.

Chofer de un camión recolector de basura, trabajador como tantos que sostienen la ciudad desde el anonimato, era, según quienes lo conocieron, un buen hombre, un ser humano humilde, pero de grandes valores familiares, empático con los sectores donde ejercía su trabajo y, en ocasiones, hasta jocoso.

En medio de su agonía, corrió buscando ayuda por más de un kilómetro. Pidió auxilio frente a un destacamento y nadie le respondió. Siguió intentando proteger su vida hasta el Palacio de Justicia… y nadie lo ayudó.

Y ahí surge una pregunta inevitable: _¿qué faltó de las autoridades que estaban ahí?_ _“Lo que faltó no fue técnica. Fue humanidad.”_ Y, mientras se desangraba, suplicaba: “no me dejen morir… me encomiendo a Dios…”. Desde estas líneas pido estés en un lugar bonito.

_Ese grito debió bastar._

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Primero se buscó la primicia. Se grabó. Se observó. Se dejó correr el tiempo. Y solo después, cuando ya era evidente lo irreversible, se llamó al 911; aunque, a escasos metros, se encuentra un centro de salud y emergencias del Seguro Social. Apenas había que cruzar.

Nadie socorrió a este humilde servidor público, porque así trata esta sociedad a los recolectores de basura: con desprecio. Entre la sangre que se le escapaba y la indiferencia que lo rodeaba, Deivy Carlos Abreu Quezada finalmente murió.

Hay que poner un alto a los necios que, ante un hecho de tal magnitud, prefieren agarrar un celular para estorbar con preguntas fuera de lugar y sacar provecho de la desgracia ajena. Lo presionaron y murió más rápido; esa es la verdad del tamaño del cielo.

Diría, qué atrevida es la ignorancia, la falta educativa y la morbosidad para redes sociales nos está matando.

Aunque documentar pueda ser parte de un trabajo, hay límites que no deberían cruzarse. Primero se auxilia; luego se informa. Nunca lo contrario:_¿Qué nos está pasando como sociedad?_ _¿Cómo hemos llegado al punto de ver a un ser humano desangrándose, pidiendo auxilio, y no reaccionar?_ En mi sector de Evaristo M., mantenemos muy buena interacción con los recolectores de basura, primando una relación de respeto entre ambas partes.

Aquí la costumbre es otra: filas de vehículos tocándoles bocina de manera insistente, presionándolos, molestándose porque están haciendo su trabajo, como si fueran un estorbo.

En este caso, la justicia debe actuar con todo el peso de la ley.

Igual, decimos con claridad: _¿por qué nuestros legisladores no someten un proyecto de ley que obligue a auxiliar a una persona en estado de vulnerabilidad.

Rosanna Barrera

El Nacional

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