Violencia obstétrica



Años atrás, conocí un escrito de la médica especialista española IboneOlza Fernández, publicado en 3013,“Las secuelas de la Violencia Obstétrica”, sobre las violencias contra las mujeres desde los servicios de salud pública. Hoy, lo desempolvo por su vigencia.

Olza Fernández, Psiquiatra infantil y perinatal, madre y activista, encabeza su sitio web, con este mensaje: “Nacemos para amar. Y para ser amados. El amor no es un capricho ni un lujo. Por el contrario, es algo central para la supervivencia de nuestra especie. La naturaleza ha previsto que las madres se enamoren de sus bebés desde el nacimiento y que sea este amor el que modele el crecimiento de la criatura.”

Para la Dra. Olza Fernández, el parto puede ser uno de los peores traumas para las mujeres y refiere diversos estudios realizados en que señalan una alta prevalencia de síntomas de estrés postraumático a partir del parto, e invoca la definición establecida del parto traumático, como aquel en el que hay un peligro real o amenaza vital para la madre o para su bebe. Una experiencia para la mujer que se acompaña de miedo, indefensión y terror, dice ella.

La experiencia de las parturientas dominicanas que sobreviven en los hospitales públicos –hay que decirlo así por la alta mortalidad materno infantil- entra dentro de los parámetros de la violencia obstétrica en una mayoría de los casos, refiriendo el maltrato de que son objeto, una vergüenza para el sistema nacional de salud.

De acuerdo a la médica española, entre las razones que llevan a los y las profesionales que atienden partos a ejercer la violencia obstétrica, resaltan:
• La falta de formación y de habilidades técnicas para afrontar los aspectos emocionales y sexuales del parto.

• El personal del parto que tienen un síndrome de burnout generan un trato aún más deshumanizado con lo cual las cifras de mujeres que sufren partos traumáticos pueden seguir aumentando indefinidamente.
Válido para nuestro sistema, agregando una tercera razón, que es la ceguera al género y hasta la misoginia, con que el sistema de salud actúa frente a las mujeres, usuarias por excelencia del mismo.

Dos propuestas legislativas, perimidas reposan en el Congreso dominicano, la de Salud Sexual y Salud Reproductiva y la Ley Especial Contra la Violencia Hecha a la Mujer, que contemplan la Violencia Obstétricacomo un delito penal a castigar.

Es de rogar, que la politiquería no nos siga agotando, y que en este año de “La innovación y competitividad”, el reto sean las dominicanas. ¡Innoven con nosotras!