Los paros de labores deben ser la última acción a tomar. Siempre hay que privilegiar el diálogo y la concertación. Hay situaciones de enfrentamientos, que se pueden solucionar con buenas intenciones de protestantes y gobierno.
No es una buena medicina mientras se realizan paros en protesta por el alto costo de la vida, lanzar la arenga de que los productos y servicios no han subido de precios o se ha reducido su valor de ventas y compras.
Los precios de los comestibles tienen una línea ascendente. Cada día escalan nuevos peldaños y nadie está tratando de estabilizarlos. Hay mucho de especulación y agiotismo, y el control debe partir desde el gobierno.
Te puede interesar: Turismo y revolución
Hay que admitir los descontroles en los precios de venta. La sinceridad debe ser parte de un diálogo objetivo y realista. Que no se desconozcan realidades que golpean a todos. Ir a un supermercado se convierte en un dolor de cabeza, con precios que aumentan cada 24 horas.
El gobierno no tiene supermercados ni pulperías, pero su responsabilidad es convertirse en un guardián de que se respeten los márgenes de beneficios y los costos de producción. Esa es la única forma de estabilizar los precios.
Hay un mercado libre. Los precios flotan de acuerdo a la voracidad comercial. Es la competencia de mercado que fija los valores. Ahí tiene que entrar en juego la parte oficial, de evitar la usura y controlar los valores.
Nadie averigua cuál es el costo real de una libra de arroz, o de un pollo. Los comerciantes fijan el valor a su conveniencia y el consumidor se ve obligado a pagar lo que le pidan. El gobierno tiene que hacer frente al desmedido e insoportable alto costo de la vida, y de la canasta básica.
Con el salario mínimo actual nadie tiene bolsillo para llenar su despensa con lo elemental. La política de subsidios se tiene que mantener en la agricultura y los servicios, para evitar alzas mayores.
Mientras los grupos populares deben dejar a un lado posiciones extremistas y privilegiar el diálogo. Un paro dura 24 horas, y después no aporta soluciones. No pueden estar al margen del desarrollo social. Los cabezas caliente deben dejar de lado métodos del pasado y ver el valor del diálogo
Ahí la importancia del diálogo sincero y efectivo, para buscar soluciones conjuntas de los graves problemas que registra la economía popular. No es momento de enfrentamientos, sino de sentarse en la mesa de las soluciones en base al consenso.
Manuel Hernández Villeta

