Todos los que hemos estudiado la dialéctica y el materialismo histórico de Heráclito y Carlos Marx y las lecciones del arte de la guerra de Sun Tzu y Clausewitz sabemos sobre el cambio permanente, la lucha de contrarios y el peligro de confundir la táctica con la estrategia. Ignorarlos es vivir condenado a no comprender el mundo.
Los clásicos de las ciencias políticas nos han enseñado a realizar el análisis concreto de la situación concreta. Y con ese estudio se prepara la táctica, como acción y operatividad. Pero la táctica se elabora de acuerdo a las condiciones concretas. Y estas suelen cambiar en cualquier momento. En ese momento hay que cambiar la táctica.
La estrategia, como fin perseguido, se mantendrá firme y con flexibilidad. Es absurdo aferrarnos a la táctica como si fuera la estrategia. Cada dirigente cubano, experimentado, es un maestro en el arte de la resistencia. Sabe que todo se puede negociar, salvo los principios.
Sin renunciar a los principios, los cubanos tienen que adaptarse a las circunstancias que viven y que, desgraciadamente, atraviesa el mundo. La geopolítica lo impone.
La nueva política económica (NPE), implementada por Lenin en los tiempos recios de Rusia, permitió dar un paso adelante y dos atrás. Era necesario para salvar la Revolución de Octubre.
China, con la herencia de Mao Zedong, y Vietnam, con la memoria de Ho Chi Minh, comprendieron perfectamente lo que conviene hacer para salvar sus procesos de cambios con justicia social. Deng Xiaoping afirmó: «No importa de qué color sea el gato, siempre que cace ratones».
Más aún, sabemos que el sistema capitalista y los burgueses, con todas sus lacras y enajenaciones, saben producir las riquezas que necesitan los pueblos. Y que el socialismo, con sus intenciones reivindicativas, sabe distribuir con equidad cuando hay abundancia de bienes y servicios.
Por tanto, el ejemplo de China y Vietnam de la coexistencia en el país de dos sistemas (capitalismo y socialismo) y una nación, con el control político, como debe ser, es el camino a seguir para la patria del inconmensurable José Martí. Así se preservarán los logros de la Revolución y el legado de Fidel Castro y los barbudos de la Sierra Maestra. Recordemos que las masas ni entienden de principios ni de valores ni de idealismos ni de glorias ni verdades históricas con los estómagos vacíos. Hay que producir para llenar los estantes de los supermercados, las despensas y las neveras de los hogares.
Nadie se engañe. En nuestros tiempos solo el capitalismo, con su lógica implacable, es capaz de llenar las estanterías y alumbrar las vitrinas de los mercados. Una cosa son los buenos deseos y otra, muy diferente y hasta contraria, es la realidad. Cuba no se puede perder en eso.

