Opinión Carta de los Lectores

Cesantía y sacrificios

Cesantía y sacrificios

Lo único que salva al código laboral y a la cesantía es un diálogo sincero entre las centrales sindicales y los organismos patronales. Ninguno de los dos sectores va a conseguir una imposición. Sin diálogo será difícil que se mantenga la cesantía.

Los trabajadores no pueden poner en riesgo la protección para cuando pierdan un empleo. Eso lo deben saber los patronos. Sin embargo, tampoco la cesantía puede ser eliminada de un plumazo. Hay que ir a la mesa del diálogo.

Para que la cesantía entre en vigencia tiene que haber sacrificios. En el necesario diálogo los trabajadores saben que van a tener que aceptar situaciones fuera de sus demandas, y su empeño. Del lado patronal, no se podrá despojar a los asalariados de la protección para cuando sean despedidos.

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Lo malo es que en el país no hay mediadores de conflictos sociales. En una época ya pasada el árbitro de referencia era monseñor Agripino Núñez Collado. Nadie ha podido ponerse, después de él, la sotana de la mediación.

En consecuencia, el ministerio de Trabajo tiene que tomar ese rol. Ser un ente de mediación que al mismo tiempo tiene que dar paso a los reglamentos, protegiendo al trabajador,  pero sin golpear a los patronos.

Con el código en las manos se puede discutir, pero no imponer. Cualquier imposición llevará al fracaso todo lo referente a la cesantía. Hay otro camino, las centrales sindicales podrían convencer a la patronal de la importancia de mantener buenas relaciones, y que ellos comprendan que hay que  proteger a sus trabajadores.

La principal debilidad de las centrales sindicales, constituye ahora su fortaleza. Dejaron a un lado la lucha social, banderola de los viejos tiempos, para caer en el economicismo, de solo interesarle la mejoría económica de sus afiliados.

Esa situación hace de los grupos que aglutinan a los obreros agentes con los cuales se puede negociar, y llegar a acuerdos. Pero hay que privilegiar en todo momento el diálogo y la concertación.

En el lado de los patronos, hay un empresariado joven, que trabaja con estadísticas y resultados computarizados y ellos saben que es difícil  prosperar sin tener una plantilla de obreros contentos y decididos a trabajar  resueltamente para la empresa.

Las contrariedades de la vida pública dominicana: las centrales sindicales son dirigidas por líderes pensionados, a un pie del retiro, y los patronos por una nueva generación. Esperamos que se imponga el diálogo y no el caos, la imposición y los paros obreros.

Manuel Hernández Villeta

El Nacional

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