Sin mucha bulla, con dos maletas de medicinas para el hospital de niños con cáncer, llegó a La Habana el cantautor brasilero Chico Buarque. Y, lo hizo para dar la cara, en un momento en que Cuba, la que Trump ha dicho que puede “cogerse cada vez que quiera”, (alegoría sexual que le es típica con las mujeres y que no pasa desapercibida), más lo necesita.
Chico también llegó trayendo en su mochila el ser el cantautor más amado del Brasil, país con 213 millones y medio de habitantes, el primero en población en nuestro continente y séptimo en el mundo, lugar que se ha ganado a pulso con el estudio y trabajo constante, ya que además de sus canciones Chico es también novelista.
Recipiente del Premo Camoes de Literatura, más importante de la lengua portuguesa, Chico es autor de las novelas Estorvo (1991); Budapest (2003); Leite Derramada (2009); y El Hermano Alemán (2014).
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En 1960, Chico se convirtió en la voz de la resistencia contra la dictadura militar, con sus canciones Construcción, sobre la muerte de un obrero; Caliz ; la samba A pesar de Voce, abiertamente contra la dictadura, que le provocó el exilio; y la mas conocida entre nosotros “O que será, que será”, sobre la pasión en el amor. En todas esas canciones Chico combina letras poéticas, prosa y el uso de la ironía y la denuncia.
Y si eso fuera poco, Chico también se hizo famoso como dramaturgo y compositor de óperas, como la muy celebrada “Opera de Malandros” (Palomos), inspirada en la Opera de los Tres centavos, de Bertold Brecht.
¿Cómo ha podido este artista dominar tantos géneros y distinguirse por su brillantez?
Quizás por una combinación de la familia: su padre fue el historiador Sergio Buarque de Holanda, pero también debido a su ideología, su creencia de que el arte siempre debe estar al servicio de las mayorías, por eso es seguidor de Lula.
Lo opuesto de lo snob, lo diletante, Chico es definitivamente un modelo a estudiar por nuestros jóvenes artistas, entre ellos los urbanos, porque la excelencia no se improvisa y la elementalidad, vulgaridad extrema y sexismo serán siempre efímeros, como efímera es la etapa que hoy vive con horror la humanidad.
Ojalá que en esta difícil coyuntura en que vive Cuba, los y las cantautores dominicanos mas cercanos a nuestro corazón, le propongan a Silvio Rodríguez una canción conjunta por la paz, y se apersonen allá con sus maletas de medicina y esperanza.
Y, para cantar con Silvio: “Vivo en un país libre…en esta tierra, en este instante. Soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen, por este día, todos los muertos de mi felicidad”.

