Editorial

Diálogo nacional

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Al inicio hoy del diálogo nacional sobre reformas institucionales, el liderazgo político, económico y social tiene la oportunidad de reencontrarse con la confianza que la población ha extraviado desde hace tiempo en laberintos de  consensos que solo han  conducido a hogueras de frustraciones y desengaños.

El presidente Luis Abinader, en su discurso sobre rendición de cuentas de su primer año de gestión, convocó a líderes políticos, empresariales, sindicales, académicos  y de la sociedad civil a un ejercicio dialogante sobre doce propuestas de reformas, incluida la modificación de la Constitución de la República.

Sería esta la primera vez que el liderazgo nacional se inserta en tan amplio diálogo nacional, moderado por el Consejo Económico y Social (CES), en procura de avenencia en torno a tan vasto portafolio de  reformas que abarcan los ámbitos laborales, hidrocarburos, energía, fiscalidad y agua potable, entre otros.

Para evitar malos entendidos en torno a su propuesta de modificación del Texto Sustantivo “este mismo año”, con el propósito de  blindar la independencia del Ministerio Público, el presidente Abinader adelantó que no aceptará ni apoyará ningún cambio en la Constitución sobre elección presidencial.

Aun con la advertencia del mandatario de que “de esta reforma queda fuera  cualquier aspiración partidista personal que no sea de interés prioritario para el conjunto del país…”, debería advertirse que los temas que serán abordados provocarían la erupción de un volcán de intereses económicos y partidarios.

La posible modificación de la Carta Magna se plantea como  el punto esencial de esa peña dialogante, lo que no  resta mérito ni importancia a propuestas de reformas fiscales, del Código de Trabajo, del sector eléctrico o de importación y comercialización de combustibles.

El liderazgo político está compelido a participar en ese diálogo, sin importar la silla en que se siente cada cual,  si de verdad se aspira “a garantizar separación de poderes, equilibrar la redistribución de funciones de las administraciones públicas y consolidar compromiso del ejercicio democrático”.

La población ni merece ni desea otra dosis de frustración o engaño suministrada a través de  vanos  ejercicios de diálogos sin reales pretensiones de consenso, ni tampoco de negociaciones entre mansos y cimarrones que siempre excluyen el sagrado interés nacional. Esta vez no hay espacio para errores ni complicidades.

El Nacional

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