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El frente invisible en la guerra entre Irán y EE. UU. donde la verdad es la primera víctima

El frente invisible en la guerra entre Irán y EE. UU. donde la verdad es la primera víctima

En la era de la hiperconectividad (internet, redes sociales y la IA), las guerras ya no se libran solo en  ciudades, el desiertos, el mares o  aire. También se debaten en las mesas de negociaciones entre los ministros y embajadores de los involucrados, pero quizás el escenario más efectivo y cruel es en los centros de divulgación de informaciones de las naciones en conflictos.

A través de las redes sociales el mundo observa con asombro y el aliento contenido el intercambio de misiles y drones entre Irán, Israel y Estados Unidos, pero quizás lo más preocupantes es saber cuándo las imágenes e informaciones que se ven son reales  o son noticias falsas (Fake News) creadas por la Inteligencia Artificial (IA).

Paralelamente al estruendo de las sirenas de alerta que indican las llegadas de misiles a los sistemas Iron Dome, (Domo de Hierro. Sistema móvil de defensa aérea de Israel diseñado para interceptar cohetes de corto alcance y artillería), se libra una guerra mediática donde la verdad es la primera baja y la Inteligencia Artificial (IA) es la nueva super arma de distracción masiva.

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Antes de seguir hay que aclarar que en este reportaje no se habla sobre el uso de la IA como arma tecnológica en el conflicto, sino más bien como herramienta de desinformación y la creación de imágenes y vídeos de ataques y desastres inexistente.

Batalla digital

Históricamente, la propaganda ha sido el brazo derecho de las milicias. Sin embargo, la velocidad de las redes sociales ha transformado la «información» en un proyectil de corto alcance.

En el conflicto actual, plataformas como X (antes Twitter), Telegram y TikTok se han convertido en centros de comando donde ejércitos de bots y cuentas de influences intentan moldear la narrativa global.

La diferencia hoy es tecnológica. Ya no se trata solo de sesgar la noticia, sino de fabricar la realidad. Aplicaciones de IA generativa como Midjourney o Dáll entre otras están siendo utilizadas para crear imágenes de una crudeza visual impactante.

Anteriormente el uso de imágenes falsas estaba dominado por los retoques fotográficos en photoshop, los fotomontajes o simplemente presentar una imagen real, pero de otra fecha, otro conflicto e incluso de otro país.

En la actualidad las redes están inundadas de explosiones en ciudades que no han sido tocadas, destrucción de barcos, helicópteros y aviones sin ser cierto.

Estas imágenes, casi indistinguibles de una fotografía o vídeo real, apelan directamente a la amígdala cerebral, anulando el pensamiento crítico y provocando una respuesta emocional inmediata que se traduce en «compartir» antes de «verificar».

Mientras las redes sociales arden con imágenes falsas, los datos tangibles de la guerra física nos devuelven a una realidad brutal y costosa. La escalada de tensiones no solo se mide en retuits, sino en vidas y en una erosión económica sin precedentes para la región.

Según estimaciones de analistas de defensa, un solo ataque masivo como el lanzado por Irán en abril de 2024 que involucró más de 300 drones y misiles tiene un costo operativo para Teherán de cientos de millones de dólares.

No obstante, la factura para los defensores es mayor. Israel, con el apoyo de EE. UU. Ha gastado cerca de miles de millones de dólares en una sola noche para activar sus sistemas de interceptación (Arrow, David’sSling e Iron Dome).

En términos de bajas, aunque las cifras oficiales son guardadas con celos como secreto de Estado, aunque organismos internacionales estiman que hay más de 3 mil muertes entre civiles y militares.

A esto se suma la pérdida de equipo bélico: un solo dron Shahed-136 iraní cuesta unos 20,000 dólares, pero los misiles interceptores Interceptor de EE. UU. superan los 2 millones de dólares por unidad. Es una guerra de desgaste donde el músculo financiero es tan vital como el nuclear.

 IA como herramienta 

El peligro de las imágenes generadas por IA no es solo la mentira estética, sino su capacidad para detonar conflictos diplomáticos reales. Un «deepfake» bien colocado de un líder político declarando una ofensiva inexistente puede provocar movimientos de tropas en el mundo real antes de que los servicios de inteligencia logren desmentir el vídeo.

Estamos ante una «democratización del engaño». Antes, solo los Estados tenían la capacidad de producir propaganda de alta calidad; hoy, cualquier usuario con una suscripción de 10 dólares a una herramienta de IA puede generar una imagen que dé la vuelta al mundo.

Esto crea un estado de «escepticismo radical» donde, irónicamente, cuando ocurre una tragedia real, el público duda de su veracidad, calificándola de «creada por IA».

Desafío de la verdad

La guerra entre Irán, Israel y EE. UU. es un recordatorio de que vivimos en un mundo de «amenazas híbridas». No podemos permitirnos el lujo de ser consumidores pasivos de información. Si los misiles buscan destruir infraestructuras, las imágenes falsas buscan destruir la cohesión social y la confianza en la realidad.

La próxima vez que vea una imagen impactante de este conflicto en su muro de redes sociales, recuerde los datos: los 1,100 millones de dólares gastados en una noche de defensa, y los miles de vidas en juego.

La guerra mediática es tan real como la física, y en ella, nuestra única defensa es el pensamiento crítico. En este tablero de ajedrez geopolítico, el clic es tan potente como el gatillo.

Jorge González

Periodista, fotógrafo, reportajista y editor fotográfico de El Nacional