Catastróficos han sido los efectos de las intensas lluvias en Gaspar Hernández, Nagua y Puerto Plata, comunidades en las cuales los desbordamientos de ríos y arroyos han destruido puentes, arrasado con viviendas, negocios y vehículos, además de afectar la producción agrícola.
Las provincias Espaillat, María Trinidad Sánchez y Puerto Plata fueron declaradas en alerta roja, pero la intervención no evitó el desastre provocado por los torrenciales aguaceros de estos días en muchos lugares del nordeste.
Decenas de familias tuvieron que abandonar sus hogares en Gaspar Hernández para protegerse de inundaciones tan devastadoras como no se habían registrado en mucho tiempo.
La catástrofe representa otra dura experiencia, que de paso obliga a reflexionar sobre los efectos del cambio climático.
La gente parece cada vez más expuesta a los efectos de los fenómenos atmosféricos.
Por lo regular, las intensas lluvias sacan a flote una realidad social que constituye un desafío para las autoridades: las precarias condiciones en que sobreviven miles de familias de escasos recursos económicos.
El cuadro de esas familias que lo han perdido todo, que están hoy a la intemperie, es conmovedor.
El Gobierno y las autoridades provinciales no han tardado en movilizarse para auxiliarlas con lo necesario.
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Se trata del compromiso más inmediato, pero no es todo.
También hay que reconstruir los puentes y reparar los daños a la infraestructura provocados por los aguaceros y las inundaciones.

