La administración pública se debe blindar para prevenir la corrupción. Es un mal que viene desde el nacimiento de la República, pero nadie le pone control. El clientelismo partidista representa un trofeo de guerra en el cargo público conseguido por la militancia.
Hay que buscar una nueva generación de servidores públicos, lo cuales sean honrados a carta real, y no permitan las indelicadezas con los recursos puestos a su disposición.
En una campaña electoral se va a tratar de conseguir un puesto, para mejorar los niveles de vida de la población, no para beneficiar el bienestar personal.
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Con el paso de los años se ha perdido la mística de lo que debe ser un empleado público. Hoy se da un cargo por la adhesión en la campaña electoral. No se le pide más al beneficiario.
El país necesita verdaderos servidores públicos, que trabajen por el bien colectivo, y que prefieran perder una mano, antes de utilizarla para sustraer recursos que son del pueblo
Suena un poco irreal presentar este esquema del político y de sus aspiraciones. Consta que la mayoría de los empleados públicos son serios, honrados, y que es una minoría la que desfalca al Estado. Sin embargo, la influencia negativa norma los procedimientos y la minoría vocinglera es la que llama la atención.
Los partidos tienen una gran responsabilidad y son, en parte, culpables de que pillos sean candidatos a cargos electivos. Los truhanes no deberían participar en las rondas electorales, ni alcanzar un cargo en el gobierno de turno.
Visto el devenir político dominicano desde la muerte del tirano Rafael L. Trujillo las funciones públicas se han ido degradando, sin un ojo avizor que disponga las penas que el caso amerite.
Hay que acabar con el clientelismo partidista, y el pagar con cargos públicos la acción de la campaña electoral. Se debe privilegiar la capacidad y la honradez
La lucha de ahora tiene que ser para democratizar y devolver la mística a las funciones públicas. Los corruptos deben ir a la cárcel por jugar con los fondos económicos del pueblo.
La cúpula de los partidos conoce los traspiés de esos individuos, pero le permiten mantenerse y alcanzar puestos electivos. Hay que pensar en un adecentamiento de la vida pública.
Antes de iniciarse formalmente las primarias para escoger candidatos, hay que depurar las listas y dejar fuera a los oportunistas de turno. Siempre se han colado, pero ahora es el momento de impedirles que sigan haciendo daño al fortalecimiento democrático.
Manuel Hernández Villeta

